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Camino desde Sarria

07/04/2020 | por Alejandro Gonzalez Flores
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Empezemos…

 

Un café en Orisson mientras subes la montaña.

 

La ruta de Napoleón por donde invadió nuestra patria.

 

La eterna Roncesvalles donde todos tenemos el alma.

 

La bendición de sus monjes te sacará la primera lágrima.

 

Los frondosos bosques de nuestra amada Navarra.

 

Con sus puentes milenarios para salvar sus aguas.

 

Esa Iruña que te aguarda esperando tu mirada.

 

Ascender el Perdón y que lo duro sea la bajada.

 

Enamorarte de Eunate al sentir su llamarada.

 

Cruzar el Puente la Reina tras millones de pisadas.

 

La calzada de Cirauqui que resiste las oleadas.

 

La monumental Estella que te acoge engalanada.

 

El Monasterio de Irache donde aunque no quieras te emborrachas.

 

Una iglesia octogonal donde menos la esperabas.

 

Para que después de Logroño sea feliz tu caminata, el alma de Felisa te acompañará a la entrada.

 

El cementerio de Navarrete donde más de un Peregrino descansa.

 

Santa María la Real de Nájera que te dejará helada.

 

Los viñedos del Río Oja y la llanura riojana.

 

Descansar tu cuerpo Peregrino en Santo Domingo de la Calzada.

 

Encontrar en una Catedral la gallina que canta después de asada.

 

Descubrir en Grañón que todavía quedan refugios con alma.

 

Y encontrar en Tosantos a un hermano que te abraza.

 

Rezar en San Juan de Ortega por Don Jose María que tanto nos cuidaba.

 

Detenerte en Atapuerca y soñar con vidas pasadas.

 

Por Burgos has de pasar de tarde o de mañana, sea cuando sea tu riqueza te será aumentada.

 

Caminar por la meseta y sentir mares en su explanada.

 

Pensar que hago yo aquí o llorar porque se acaba.

 

Ver por fin Hontanas cuando lo único que tenías era la esperanza.

 

Sentir en San Antón que algo mágico te atrapa.

 

Subir Mostelares como si de un niño se tratara.

 

Cruzar el Canal de Castilla y divisar Sirga a lotananza.

 

Salir de Carrión y desesperarse en su calzada larga.

 

Contemplar en Sahagún su mudéjar semblanza.

 

Y desde allí hasta Mansilla tamaña recta te acompaña.

 

Aterrizar en León cansado y pensando en la tremenda hazaña.

 

Sumergirse en sus vidrieras y en el húmedo recordarlas.

 

Orar en la Virgen del Camino por que continúe la Buena Esperanza.

 

Batirse en duelo en el puente honroso como si de un Quijote se tratara.

 

Compartir en la Casa de los Dioses con David unas sabias palabras.

 

Un buen Cocido Maragato meterte entre pecho y espalda.

 

El ánima de Gaucelmo en el ascenso te acompaña, desde Rabanal a la Cruz de Ferro tus pasos encauza.

 

De meditar será el momento frente a la Cruz Sagrada.

 

Detenerte en Manjarin Hospital donde los haya, donde Tomás te ofrece aquello que a otros muchos les falta.

 

Bañarse en Molinaseca igual que si de una playa se procurara.

 

Sobrecogerse en Ponferrada cual Templario encarnara.

 

Otros viñedos te acompañan recordando tu caminata.

 

Y llegar a Villafranca donde si es de bien el perdón te aguarda.

 

Un buen masaje de Jato te revitalizará el alma.

 

Serpentear el Río Valcarce con tu vista siempre alta, como buscando el Cebreiro y con ansias de su llegada.

 

Remontar hasta Laguna de Castilla después de sudar la Faba.

 

Llegar a O’Cebreiro bendito, donde no me salen las palabras.

 

Venerar a Don Elías Valiña porque sin él no hubiese sido posible nada, notarás como él te tatúa una flecha amarilla en tus entrañas.

 

Si llegaste hasta aquí ya la suerte está echada, la Jacobeina estará en vena adictiva y desenfrenada.

 

En el alto de San Roque tu estatua divisaras impresionada.

 

Hasta Triacastela un paseo, como compañera la Santa Compaña.

 

Por Samos o San Xil cualquier camino seguro que te agrada.

 

Sea cual sea tu elección los dos te llevarán en volandas.

 

“Todo esto y mucho más te perderás si comienzas tu Camino en Sarria”.

 

 

“Una de las grandes desgracias de la vida moderna es la falta de sorpresa y la ausencia de cualquier tipo de aventura. ¡Todo está tan bien organizado! – Theophile Gautier, Wanderings in Spain.

 

Lo mismo pasa hoy en día en el Camino. Lo queremos todo hecho, todo marcado, vemos en Internet como es y lo que nos espera en el siguiente albergue y en la siguiente etapa y no le damos ni una oportunidad a la aventura y mucho menos a la búsqueda.

 

Y es una pena que una de las mayores aventuras, por no decir la mayor, que una persona pueda realizar hoy en día se resuma en sus últimos coletazos.

Y peor aún si además de solo hacer los últimos cien kilómetros dejamos que nos programen la excursión y que nos digan hasta cuándo tenemos que ir al servicio.

 

Como bien dijo Rózsa Benedek, una gran apasionada Peregrina, “hacer solo los últimos cien kilómetros es como sacar una entrada de un importante museo para solo ver la última sala y la puerta de la salida”. No se me ocurre mejor descripción.

 

Mi primera experiencia personal en el camino fue allá por el Xacobeo 99, y tras comenzar mi andadura en Villafranca del Bierzo enseguida me di cuenta que había algo más detrás de mí. Miraba las caras de otros Peregrinos que venían desde más lejos que yo y sus caras reflejaban una felicidad que no se podía describir con palabras.

 

Tu objetivo en el Camino, querido Peregrino, no es la Compostela, eso quizá sea un simple papel que te sirva para decorar tu pared o acumularse junto con otras cosas en un cajón de una cómoda. Tu objetivo, ya que te has decidido a hacer el Camino es precisamente eso, “hacer el camino”. Y no te pueden inducir a iniciar tu Camino en un lugar predeterminado, y mucho menos acotarlo en sus últimos cien kilómetros.

 

Mi deseo con este artículo es hacerte ver qué hay otro camino más lejano pero más reconfortante, que de Sarria a Compostela es un Camino maravilloso, espectacular, pero que solo es el final del cuento, la última canción de un LP, el desenlace y los créditos de tu película favorita. Que allí a lo lejos comienza toda una aventura que a nadie deja indiferente.

 

Si después de todo esto tu opción sigue siendo hacer el Camino desde Sarria espero y deseo que tengas un “Buen Camino” y que lo disfrutes al máximo, tanto como para plantearte volver a realizarlo ya esta vez desde lo más lejos posible. Creo sinceramente que merece la pena y mucho.