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¿PEREGRINOS? Si.

"La puerta se abre a todos, enfermos y sanos; no sólo a católicos, sino aún a paganos, a judíos, herejes, ociosos y vanos; y más brevemente a buenos y profanos"

29/01/2021 | por Alejandro González Flores
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Mucho se habla en foros y redes sociales sobre peregrinos, turistas, turigrinos, bicigrinos y demás fauna, y de si unos sobran en el camino, otros lo aman y otros lo violan adulterando así el espíritu jacobeo que está matando al camino para unos o ya muerto para otros.

Quién me conoce sabe de mi trayectoria primero como peregrino desde 1999 y después como hospitalero desde 2007 y a lo largo de todos estos años he de decir que es verdad todo lo que se dice al respecto. La llegada de la masificación y el incremento de infraestructura jacobea atrae cada vez más a todo clase de fauna ibérica y no tan ibérica desde los cuatro puntos cardinales y claro, cuanto mayor número de personas más diversos son sus comportamientos y el motivo por el que vienen al camino.

Mucho se habla también de como era el camino hace unos años, sin tanta masificación, sin tantos albergues, sin tantos peregrinos o turistas y que se debería de volver a esos años 80 o 90 donde únicamente había peregrinos en verano o ni eso y así poder disfrutar del camino en todo su esplendor.

Sinceramente yo creo que no. Y lo digo porque mi primer contacto con el camino fue como turista, y el camino me cambió la vida totalmente. Y por eso creo que el camino está más abierto al novato, al turista, o al despistado que ha caído en el sin saber cómo, que al veterano de muchos caminos y que muchas veces mira a estos otros por encima del hombro como con una mezcla de pena y mala leche pensando “que pintan estos aquí?”.

Lo mágico que tiene el camino es la transformación, la reconversión de ese turista, de ese personaje que no sabe ni a qué ha venido, de ese chaval que vino a pasar unos días de fiesta con unos amigos con poco dinero, en Peregrinos. Y os puedo garantizar que la transformación existe y es maravillosa. Y sin esa clase de personas en el camino es imposible que la haya.

Yo personalmente viví muchas de ellas en Bodenaya y son de largo los mejores recuerdos que tengo de mi época como hospitalero en ese mágico lugar.

Entonces es lógico pensar que el camino no está muerto, que está más vivo que nunca. Que el espíritu del camino está presente en todos nosotros, en unos ya aflorado y en otros por florecer. Que tenemos el lugar de aprendizaje más maravilloso del mundo a nuestros pies y que tenemos que disfrutar de ello y hacer que aquellos que todavía no lo sepan que puedan gozar de ello también.

Claro que hay conductas censurables que hay que denunciar y que no son dignas de lo que llamamos el “ser un buen Peregrino”. Pero que levante la mano quien no haya pecado alguna vez en el camino o fuera de él.

Por eso estaría bien tener un poco de empatía por ese turista, yo el primero, por ese novato o aventurero, que todos lo hemos sido alguna vez, y en vez de censurarle e invitarle a irse a su casa diciendo que no pinta nada en el camino, ayudarle y tener un poco de pedagogía jacobea con él y así hacerle más llevadera la gran transformación.

No es que sea cuestión de aplicar el “todo vale y cada uno hace el camino como quiere”, no, no es eso. Yo creo que hay que educar al futuro Peregrino que todavía no sabe que lo es, o que pronto lo será, para que le sea más fácil esa gran transformación. Y no es sólo labor del hospitalero de turno esa tarea pedagógica, sino también del peregrino veterano amante del camino que convive con el.

También se dice que el camino de Santiago es como el camino de la vida, si esto es así, y yo estoy convencido de ello, nunca faltará esa gran variedad de paisanaje que nos encontramos en nuestro día a día. Ya no solo en la clase Peregrina sino también en la hostelera. Y así el aprendizaje y la carrera de ese turista hacia la transformación será aún más enriquecedora.

La nostalgia de otros tiempos en el que el peregrinaje era romanticismo y aventura no nos puede cegar los ojos tanto como para no ver que vivimos en el siglo XXI y que esa invasión a Galicia con la que soñó Don Elías Valiña, ese gran visionario, y por la que tanto lucho se convirtió en realidad.

En el camino no sobra nadie, cabemos todos. Cuantos más y más variados mejor.

Nos vemos en el camino.

ULTREIA.