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Siempre me ha gustado caminar

En septiembre empiezo a trabajar. Siempre. Siempre durante cuarenta años. Siempre.
De pronto, en septiembre no empiezo a trabajar. Me acongojo, me abrumo… Todo el año pensando en qué hacer con todas mis horas… Nada comparado con las sensaciones y el sentido de la responsabilidad que me ha acompañado durante cuatro décadas.
Siempre me ha gustado caminar.
¿Y si en septiembre en vez de dirigir mis pasos a mi trabajo de siempre, me sitúo en Saint Jean de Pied de Port e inicio una larga caminata?
No pido opinión. Me pueden llamar loca, chalada, majareta, imprudente, irreflexiva… A mí me parece una manera maravillosa y fascinante de ir programando mi futuro sin nada que me distraiga: familia, compañeros… . Nadie se interpondrá en la manera que yo elija para vivir disfrutando al máximo de todo lo que me rodea.
Preparo austeramente la mochila y me lanzo a la aventura. Sola. Sola con mis nervios y una gran excitación flotando a mi alrededor.
¿Encontraré las flechas amarillas? ¿Dónde dormiré? Nada se interpondrá entre mi voluntad y el deseo de cumplir un reto, un desafío que me hace temblar.
Ni GPS, ni coche de apoyo ni… solamente unas fotocopias de “Eroski Consumer. El Camino Francés”.
——
Después de treinta y cuatro días cuando ya las páginas impresas se rompían por el uso, cuando la lluvia y la lectura empeñaba y enturbiaba sus letras, ilustraciones, desniveles y recomendaciones, y cuando mi corazón rebosaba vitalidad y dicha, llegué a Santiago.
Nunca he conocido mayor agitación. El gozo que sentía no me dejaba respirar. Nadie de todos los especiales personajes que había conocido durante las largas caminatas me hacían falta a mi lado.
El órgano atronaba en la catedral y yo recorría en mi memoria muchos de los momentos más bellos jamás imaginados: caminos pedregosos, hayedos increíbles, cambios de paisajes, las llanuras de Castilla, las largas hileras de arbolillos que yo contaba con mis pasos: ¿Cada veinte pasos un árbol? ¿Cada ciento cuarenta, cien metros recorridos?, fuentes, páramos. ¡Ay los páramos!
Recordaba la gente admirable en los pueblos y aldeas, sentada en los bancos mirando hacia la carretera y apoyados en sus bastones, deseosos de relatar cómo les había ido la vida…

Organicé y ordené mi vida, sí. ahora siempre en Septiembre, hago un paréntesis y recorro durante treinta y cuatro días los mismos caminos con el mismo entusiasmo que la primera vez.
En ocasiones me acompañan amigos a los que transmito mi regocijo. Unas pocas etapas y… se marchan. Yo, persisto.
Este año he cumplido mi quinto Camino,
Es posible que en el futuro sean treinta y cinco, cuarenta días… No importa. Siempre llegaré saturada de felicidad, de sol, de lluvia, de amaneceres, de grandes campos de cebada, de amapolas intensas, de ríos chapoteados, de frondosos y profundos bosques, de iglesias rurales, de alegrías y penas de pastores y labriegos, unos personajes que, de otro modo, nunca hubiera conocido…
El “Buen Camino” eriza mi piel cada vez que lo recito como una retahíla deseada, y cada ocasión que lo recibo siseado a mi oído de los que, como yo, valoran el esfuerzo y desean lo mejor para todo el que pasa a su lado.