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No puedo…

Han pasado 4 años, y no puedo ni podre olvidar mi primer camino, llegué a él con incertidumbre y necesidad, con temor y deseo, con júbilo e incredulidad. El camino llego a mí… perdón yo y mi mujer llegamos al camino, a través de nuestra parroquia de San José en Barbate. Descubrí el peregrino que llevo y llevamos dentro, descubrí cuanto más me acercaba a Dios gracias al camino.
No podré olvidar la primera vez que llegue al Obradoiro como peregrino y volví la cabeza para despedirme de un camino que nunca abandoné. No podré olvidar la primera vez que me adelantaba un peregrino y me dijo ?Buen camino?? no podré olvidar la primera imposición del primer sello en mi credencial, no podré olvidar mis lágrimas al cruzar las puertas de bronce que guardan la festividad dominical de Santiago. No podré olvidar el dolor pagado por un esfuerzo en mi corazón regalado. Jamás olvidare descubrir las bienaventuranzas del peregrino y rezarlas ?a pie de obra??
El camino me enseñó a recuperar la humanidad de las personas cuando la modernidad y las nuevas tecnologías nos alejan de esa humanidad. El camino me enseñó lo insignificante que somos ante tanta naturaleza.
Ya son cuatro los caminos, y siempre recibo y siento lo mismo? Esperanza, ilusión, amor al prójimo y una escuela de vida donde siempre descubro que hay quien vive con menos que yo, que sufre más que yo, que camina con menos que yo, que necesita menos que yo.
No puedo olvidar a mis compañer@s de parroquia (Juana María y Milagros) que con limitaciones y accidentadas por la vida, lloraron al pisar la calzada medieval de Santiago.
No puedo olvidar a Felipa, que nos ofreció un cesto de frutas a cambio de una rogatoria ante el hijo del trueno.
No puedo ni quiero olvidar cuanto te debo camino… cuanto le debemos al Hijo del Trueno.
No puedo… ¡¡