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Mi Camino

Sentí como el sol llamaba a mis parpados, toc toc, buenos días, y
me dejé llevar por esa sensación de duermevela, en donde nos
movemos entre dos mundos, el real y el onírico, me desperecé
lentamente, sin control sobre mis movimientos, como si el cuerpo
actuara impulsado por una energía cósmica, y empecé a caminar,
caminar y sentir, sentir la luz, esa luz especial que tiene Galicia,
mezcla de misterio y misticismo, donde la neblina matutina te rodea,
como observando al intruso que osa adentrase en ella, oír el ruido
silencioso de la naturaleza donde la mezcla de sonidos se aúnan
para formar un todo armonioso, sentir la caricia del aire abrazándote
y jugando con el pelo, ¡esto es el camino!, ¡sentir, ver, oír!, tragar a
borbotones sentimientos, emociones, alegrías y tristezas, hacer
amigos y hacerte amigo de ti mismo, dejar de engañarnos y
conversar con nosotros mismos sin tapujos, desnudando el alma
para conocernos como somos y no como aparentamos ser.
El ruido de mis pasos marca un compás cadencioso, abandono
O Cebreiro, camino de Liñares, para pasar el alto de San Roque
camino al Hospital da Condesa, una fina lluvia empieza a caer, es
típico, sabia yo que en esta fecha era lo mas probable, pero esto en
vez de molestarme me agrada, este bautismo del camino parece
limpiar mis adentros y siento el cuerpo mas ligero, es como si en el
sendero fuera dejando cargas inútiles que tenia en mi interior para
poder llenarlo de sensaciones nuevas, es curioso, nunca había
sentido la lluvia como la siento ahora, siempre la evitaba y corría a
refugiarme de ella y ahora la recibo con los brazos abiertos con la
mirada hacia el cielo y la boca abierta para tragarla como maná del
cielo que me alimenta y me da fuerzas, todo parece nuevo, puesto
por el tiempo solo para mi, incluso las iglesias o cruceiros que con
sus piedras oscurecidas por el tiempo y cargadas de historias,
parecen detenidas, esperándome, y las contemplo como algo único,
intimo, donde solo yo, elegido del cielo las pudiera ver, un
privilegiado que ha tenido el don de tocarlas, respirar y sentir su
historia, porque su visión se asemeja a una maquina del tiempo
que hace que mi mente retroceda e intente visualizar su
construcción y los miles de personas que pasaron ante ellas, es
como si volara, y ante mi veo rostros de peregrinos, diferentes, pero
siempre sonrientes, es otro regalo del camino, el trato con los
demás, no hay rechazo, se habla, se comparte, oímos con interés al
otro y el nos oye a nosotros, es como si el simple hecho de ser
peregrino nos recuerde algo que tenemos olvidado , somos
hermanos de raza, somos humanos, y en el camino somos
personas, no ricos o pobres, no negros o blancos, hay una
comunión entre todos que no deberíamos olvidar a la vuelta a la
rutina diaria.
Entro en una arboleda y el paisaje cambia por completo, el sol
parece temeroso, no se atreve a seguirme del todo, y el roce de las
hojas junto con el susurro del agua al peinar los árboles, parece una
letanía que invocan a meigas y duendes del lugar, que aunque no
los veos sé que me observan, me paro sobrecogido ante el
espectáculo y…
¡Pepe, Pepe!, ¿Qué pasa?, venga, deja de leer que te voy a
preparar, que Juan el fisio está subiendo, mi madre me retira la guía
sobre Galicia que estoy leyendo, me destapa y empieza a hacer
hueco alrededor de la cama, es lo que tiene ser tetrapléjico, que no
te puedes escapar, me resigno, suspiro y sonrío, estoy deseando
que llegue mañana para continuar mi camino, ya me queda menos
para llegar a Santiago.