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El Camino es

 EL CAMINO ES.

Un día cualquiera comienza de noche, si así es.

Son días que se viven con intensidad, comienzan pronto y acaban pronto. Pero cuando llevas dos o tres ya pierdes la noción del tiempo y parece que lleves semanas.

La cantidad de personas que conoces, primer contacto visual y al día siguiente o esa misma noche ya parece que te conoces de siempre. Cada vez que que coincides en el recorrido te saludas y en menos de dos días estás compartiendo una cerveza y una charla en la que te cuentas tu vida como a casi nadie se la has contado nunca.

Compartes confidencias que nadie sabe, pensamientos y sueños que no han salido de tu boca jamás; te relajas, compartes todo, lo poco que tienes material y lo inmaterial, es un hermanamiento que no sabes de donde te viene, una energía que te hace ser más humano.

En estas amistades se da un fenómeno que es algo mágico, coincidir con algún peregrino que se abre a otro que escucha; entre cientos de personas que en ese mismo instante están recorriendo cientos de tramos de cualquiera de los caminos. Se crea esa conexión que nadie que no lo haya vivido puede entender; y encuentras a esa persona que te da siempre lo que necesitas.

Comienzas a andar con la mochila llena de cosas que puedes ir dejando por el camino porque no son necesarias y cuesta mucho cargarlas; comienzas  a andar con el alma llena de vivencias que pesan mucho y que cada vez que las compartes se disuelven un poquito, dejando una sensación de alivio.

Cada mañana te levantas con una ilusión por avanzar, por intentar llegar donde te has propuesto, porque sabes que queda mucho camino por delante, muchos kilómetros que ir viendo en cada mojón, esa sensación se tiene mientras tienen tres dígitos, pero cuando bajas a dos, la sensación es contraria, no quieres restar, no quieres que quede poco, no quieres que se acabe.

La sensación de pisar esos caminos pensando que formas parte de millones de personas que durante siglos han pasado por ahí, con un montón de objetivos, de propósitos, de peticiones, de agradecimientos; distintos en creencias, distintos en cultura, distintos en todo,  pero iguales en querer vivir caminando e iguales en querer llegar. Todo el que lo anda, lo vive y lo interioriza  se ?rompe?  al entrar en Santiago.

La llegada a la ciudad y el recorrido de calles hasta entrar en la Plaza del Obradoiro, sea la primera o la décima vez, lo haces con el estómago encogido, con una emoción contenida que no puedes aguantar más, cuando entras y te abrazas con todos los peregrinos que acaban de llegar, igual que tu, a la meta, te desplomas y es una contradicción de sentimientos por haber terminado.

Dicen que ahí comienza el verdadero camino, el camino de la vida, dicen que hay un antes y un después del camino, dicen que la amistad de un peregrino es para siempre, dicen que el camino no se acaba, dicen que el camino se anda, dicen que el camino se vive y dicen que quien vive el camino, todos los días en algún momento, se acuerda del camino.

Yo sé que esto es verdad, yo sé que te marca bien dentro, yo sé que cuando se empieza tienes una gran ilusión y muchos nervios, yo sé que da igual que sea el primero o el décimo, yo sé que cada día hay algún momento que te acuerdas de él, yo sé que las amistades que allí encuentras son para siempre, yo sé que aún en la distancia las mantienes cerca, yo sé que te alegras de sus alegrías y te entristeces con sus desgracias, yo sé… que un día en el camino empieza de noche… y yo sé… que el camino no se olvida.