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El camino de la constancia y la humildad

La idea de hacer el camino aparece en el momento en que conseguí algo importante en mi vida, y me comprometí conmigo a mismo para cumplir esta promesa. Al principio no quería ir sólo, puesto que no conocía nada acerca del funcionamiento (albergues, flechas que indican el camino, dónde comer,…) y fui de acompañante con unos amigos, que ya lo habían hecho más veces. Pero ellos iban a otro rollo. Para ellos lo importante era llegar, a toda costa, hacer el mayor nº de km posible al día. Yo iba forzado desde el primer día, y al tercer día abandoné. No estaba preparado mentalmente para realizar el camino de esa forma. Quizá quedé como un perdedor, pero me comprometí a terminarlo, eso sí, a mi manera. Y así ha sido. El dia 10 de septiembre de 2014 continué lo que había dejado, junto con otro amigo que también tuvo que abandonar. Salimos desde Puebla de Sanabria, y nos marcamos unos objetivos diarios a cumplir, sin prisa, sin pensar en el ritmo de los demás, y en pocos días llegamos a Santiago de Compostela. Hemos ido en bicicleta, por lo que también ha sido más rápido.
Fueron malos días para llegar, porque coincidió la finalización de la vuelta ciclista a España, y además la fachada principal de la catedral estaba llena de andamios, por lo que la Plaza del Obradoiro estaba hecha un desastre, pero bueno, ya estaba previsto y de no haberlo hecho ahora, no sabíamos cuando sería posible.
A pesar de haber sido corto, reconozco que ha habido momentos de dureza y esfuerzo, en los que te planteas “qué hago aquí”, y en los que es fundamental tener la cabeza fría y tener claro que debes avanzar lo que puedas, y que mañana será otro día. Por eso es importante marcarte unos objetivos diarios lógicos.
Lo que más me ha gustado ha sido interiorizar la idea de que poco a poco se puede llegar muy lejos. Sólo se necesita constancia y mostrarte como eres.
Lo que menos me ha gustado, es que he notado muchísima actitud de “oportunidades de negocio, engaño y aprovechamiento” alrededor del peregrino.