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Amigos en el Camino

Empecé el camino desde Roncesvalles y sola… aunque lo de sola duró sólo tres días. Tuve la gran suerte de hacer un grupo de doce personas, a cual más maravillosa.
Guardo cada recuerdo del camino cómo un tesoro y, si pudiera, lo repetiría mil veces sin cambiar ni un solo detalle. Pero recuerdo con especial cariño un momento en concreto.

MI intención era llegar sólo a Santiago, por motivos económicos. Dentro de ese grupo de 12, había 4 personas con las que tenía una relación más estrecha y especial. Ellos iban hasta Finisterre y, al enterarse de que yo no iba, me pidieron y pidieron que me quedara.
Yo les expliqué que era imposible, que no tenía dinero suficiente. Entonces, sin dudarlo un segundo, me dijeron que ellos me pagaban los gastos de esos días, pero que no me fuera en Santiago.
Sin embargo, a mi me daba mucho apuro que hicieran eso y, además, ya le había pedido a mi hermano que me comprase el billete de tren de vuelta. Pero ellos siguieron insistiendo, así que decidí llamar a mi hermano y le pregunté si ya tenía mi billete. Me dijo que no, que justo en ese momento iba a hacerlo. Lo tomé como una señal y le dije que no lo comprara.
Aún así, yo seguía dudando. Entonces, un peregrino, llamémosle F, me dijo que hiciésemos un trato. Él me dejaba el dinero, pero yo no se lo tenía que devolver a él, sino que cuando encontrase a otra persona que lo necesitase se lo diese a ella.
Ante eso no pude negarme y acepté. Y menos mal, porque me habría arrepentido tantísimo de no haber llegado con ellos hasta Finisterre…

Qué gente a la que sólo conocía desde hacía 25 días valorasen tanto que yo les acompañara como para hacer eso me hizo sentir tan querida y tan especial…
Es la magia del Camino.