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18 de agosto del 2013. De Burgos a Hornillos del Camino

Hoy he salido temprano de Burgos. Me encanta el frescor del amanecer, andar de noche, aunque reconozco que siempre temo perderme a estas horas.
A media mañana, me he topado con una lugareña. Se le veía acostumbrada a los caminantes. Sobre todo le interesaba mi sudor. Yo no estaba para aguantar a esta mosquita pero ella se ha empeñado en acompañarme durante varios bochornosos kilómetros.
¡Qué hermosos son los campos de cereales, aunque estén segados! De vez en cuando, aparece una amapola roja que contrasta con el color amarillento de las aradas.
Por fin he llegado a Hornillos del Camino. Cansado y sediento. A la entrada de la aldea he encontrado dos tejas sobre un murete. Me he sentado frente a ella. Y he fantaseado. Les he preguntado por el pueblo y los peregrinos de antaño.
La buena calidad de dichas tejas denota que conocieron épocas de esplendor. Pero los surcos que tienen delatan, asimismo, penurias, emigración y ruina. Las dos son las últimas testigos de una casa y familia que desaparecieron hacía tiempo.
Me han contado ?al menos me ha parecido oír sus susurros? que antiguamente apenas llegaban peregrinos. Y por supuesto, ninguna mujer. Que dichos caminantes pasaban frío, calor, llegaban hambrientos, con ampollas, enfermos. Y muchas veces tenían que dormir en el pórtico de la iglesia si algún paisano no se apiadaba de ellos. Y en algunos pueblos los consideraban casi ?santones?, con poder de mediar ante la virgen por algún enfermo.
Tras despedirme, he ido al albergue municipal. Me ha encantado: pequeño y acogedor. Hay una familia japonesa. Llevaba dos días sin verlos. ¿Por qué será que durante el camino nos vamos cruzando los peregrinos? Hoy te veo, mañana no sé; pero seguro que un día de estos, sí.
Y sorpresa: una italiana cantando mientras hacía la colada. En italiano, como manda en su caso. ¡Qué maravilla! Se lo he dicho y le ha hecho gracia.
También hay una pareja joven, ella es italiana; él, español. Éste le está enseñando a conjugar en castellano. Le he preguntado si han trabajado el verbo amar. Que no.
Una vez duchado y comido, he salido a conocer el pueblo. He visto otro testigo del tiempo: un reloj parado en la fachada de una casa. Siempre marca las seis menos cuarto. Y me he preguntado: ¿cuántos pueblos se habrían detenido en el tiempo de no haber sido por la recuperación del Camino? Los albergues, las casas rurales, las tienda de alimentación, las tabernas… son ejemplos de lo que está aportando a la vida de estos pueblos.

Cuando me preguntan por qué estoy haciendo el Camino de Santiago, no puedo explicarlo en dos palabras.