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Camino Inglés

La travesía por el temible océano

"No se piensa en reír cuando se embarca para Santiago. Para muchos es un dolor. Desde que se sube a bordo en Sandwich, en Winchelsea, en Bristol, o allí donde se puede, el corazón empieza a temblar. Lleva rápida la canoa, marinero, para que nuestros peregrinos se diviertan un poco, ya que algunos gemirán antes de que sea medianoche". Así reza este inquietante fragmento del poema Pilgrims Sea-Voyage and Sera-Sicknes. Si la peregrinación por tierra era todo un reto de supervivencia, la marítima, en ocasiones, aún ponía más a prueba las aptitudes y la fe del peregrino. En los siglos tempranos de la peregrinación a Santiago, a bordo de naves mercantes medievales de tipo kogge y hulk, hacinados como una mercancía más y tras haber pagado el costoso pasaje de ida y vuelta, los peregrinos de allende los mares se dirigían al País de Santiago.

La odisea marítima hasta las costas de Galicia y del Cantábrico gozó de mucho auge entre los siglos XII y XV. Mientras que un peregrino a pie empleaba, en el mejor de los casos, una estación del año o varias para ir y regresar de Santiago, por mar podía consumir de diez días a tres semanas, a lo sumo, siempre dependiendo de las tempestades, la dirección de los vientos y mil y un imprevistos. Conforme las peregrinaciones se hicieron más frecuentes, los armadores tuvieron que solicitar para cada viaje alguno de los permisos de la Corona, que les autorizaba a embarcar un número determinado de peregrinos. Durante la travesía, los peligros podían acechar tanto del exterior como del interior de la nave. Los pasajeros con menos recursos viajaban en condiciones deplorables, expuestos a infecciones o a enfermar por comer alimentos en mal estado.

Según cita el historiador y especialista en temática jacobea, Francisco Singul, en el prólogo de la obra Los Caminos de la mar a Santiago de Compostela "Escandinavos, flamencos y británicos fueron los pueblos que, por su situación en la fachada atlántica, emplearon con mayor empeño las vías marítimas para alcanzar A Coruña, Ferrol, Ribadeo, Muros y Noia" . Noruegos como el rey Sirgud Jorsalafar en 1108 o San Reginaldo III en el año 1151 viajaron a Galicia, como apunta el profesor Vicente Almazán en Dinamarca Jacobea, Historia, Arte y Literatura. Almazán también cita la magna expedición de 1217, donde participaron daneses, noruegos, renanos y frisones, y recoge las palabras del cronista: "teniendo el viento a nuestro favor llegamos el viernes siguiente a La Coruña, habiendo anclado nuestros navíos salimos al día siguiente hacia Compostela y después de haber ido a adorar a Dios y al Santo Apóstol regresamos a La Coruña donde tuvimos que esperar nueve días a que se calmaran los vientos que nos eran contrarios".

Los ingleses utilizaron sobre todo los puertos de Dartmouth, Plymouth, Bristol, Southampton, Londres y Newcastle para embarcar hacia Galicia. Los irlandeses hicieron lo propio desde Galway, Kinsale y Dublín, según recogen Feliciano Novoa y Pilar Ramos en Los caminos de la mar a Santiago de Compostela. La Rochelle, Burdeos y Bayona también vieron desembarcar peregrinos que continuaban a pie por el Camino Francés. En el Cantábrico, puertos del Camino de la Costa como los de San Sebastián, Castro Urdiales, Laredo, Gijón y Ribadeo, fueron también recurrentes. "A Coruña se consideraba el puerto de Santiago", como añade Vázquez de Parga en el primer tomo de Las Peregrinaciones a Santiago de Compostela. Varios autores de los aquí comentados hacen alusión al Año de la Perdonanza de 1434, cuando se autorizó el embarque de 2.310 peregrinos, debido al cual el precio de los derechos de anclaje en el Puerto de A Coruña aumentaron de 2.000 a 14.000 maravedíes. En palabras de Braulio Valdivieso en Aventura y Muerte en el Camino de Santiago: "el ansia de los jacobeos era llegar a la Tumba Apostólica o errar hasta la muerte que transportaba a la vida eterna" .

De itinerario mixto a sólo terrestre:

Tiempos hace que ni los mercantes atestados de peregrinos levan sus anclas en el sur de Inglaterra, ni los puertos del golfo Ártabro reciben peregrinos ojerosos y tambaleantes. Actualmente, el Camino Inglés es una realidad bien distinta, un itinerario sólo terrestre que parte de Ferrol, casi exclusivamente, y de A Coruña. Las dársenas ferrolanas han eclipsado el protagonismo del puerto hercúleo, venido a menos en términos jacobeos porque los 75 kilómetros que le separan de Santiago no son suficientes para obtener la Compostela. Tanto uno como otro itinerario fueron transitados asiduamente. Así lo atestiguan las crónicas de los caminantes y la referencia a los diferentes hospitales de peregrinos medievales, como los de A Coruña, Ferrol, Neda, Pontedeume, Miño, Paderne, Betanzos, Sigrás, Bruma y Poulo, de los que quedan muestras o sucesores modernos.

Uno de los padres modernos de este itinerario, recuperado en el año 1991, es el nedense Manolo Grueiro, que nos ha aportado innumerable información para la preparación de la guía y que incluso ha caminado con nosotros durante varias etapas. La fijación del trazado y su recuperación fue posible gracias a la tarea mancomunada de personas y ayuntamientos. Valiéndose de fuentes documentales - crónicas de Sarmiento, Vales Villamarín, Vázquez Rey - fueron desarrollando un trabajo de campo arduo, difundiéndolo posteriormente. En un par de décadas los cientos de peregrinos que lo transitaron los primeros años se han convertido en miles. En el Año Santo de 2004, dando un repaso a las estadísticas elaboradas por la Oficina del Peregrino de Santiago, lo recorrieron 3092 personas. En 2010, también Año Santo, fueron 6442, más del doble. Y en 2013, sin ser año jubilar, sólo hasta septiembre habían pasado más de 4.000 peregrinos.

Entre Ferrol y Santiago de Compostela, la ruta más seguida, hay 122 kilómetros. Recomendamos, si los días lo permiten, recorrer también los 34 kilómetros que tiene el tramo de A Coruña. Ambos caminos se hacen uno solo a las puertas de Hospital de Bruma. Desde Ferrol se recorren los concellos del propio Ferrol y los de Narón, Neda, Fene, Cabanas, Pontedeume, Miño, Paderne, Betanzos, Abegondo, Mesía, Ordes, Oroso y Santiago. El de A Coruña transita por el propio de la capital y por los de Culleredo, Cambre, Carral, Abegondo y Mesía, donde se une al itinerario de Ferrol.

El Camino discurre durante las primeras jornadas por la comarca natural de As Mariñas Coruñesas donde las rías de Ferrol, Ares, Betanzos y A Coruña conforman el golfo Ártabro, el magnus sinus artabrorum que citaron los romanos. El camino de los peregrinos cruza las desembocaduras de los ríos Xubia, Eume, Lambre y Mandeo, ya en Betanzos, rodeado de un paisaje que exhibe al mismo tiempo muestras del litoral gallego con el frondoso interior. Después, como apuntaba María Pilar de Torres Luna en Los Caminos de Santiago y la Geografía de Galicia, ?en escasos kilómetros se pasa del nivel del mar a los 400-500 metros, que hay que remontar para salir de las Mariñas y entrar en la Terra de Ordes, cruzando el municipio homónimo y el de Oroso. Gracias a la proximidad del mar las temperaturas son suaves a lo largo de todo el año, como señalaba María Pilar de Torres ?no hay inviernos rudos y largos y las heladas resultan desconocidas, y los veranos tampoco se caracterizan por calores abrasadores.

La señalización:

Las flechas amarillas y los clásicos mojones con vieira e indicador de distancia balizan el Camino Inglés al igual que en el resto de rutas jacobeas en Galicia. De los dos tramos, el que más flojea es el que viene de A Coruña, el menos transitado pero no por ello el menos importante. Sin ser mala, la señalización presenta algunos puntos conflictivos, sobre todo en la propia capital y en El Portazgo (Concello de Culleredo). Además, las flechas ya blanquean en algunos puntos. En el caso de los mojones, algunos van necesitando un reemplazo o una rehabilitación. Por supuesto que en los mojones escasean las tablillas que señalan la distancia, ya que continúan siendo el suvenir más apreciado por los pseudoperegrinos. El tramo Ferrol-Santiago está bastante mejor señalizado y la salida de Ferrol es la única que puede plantear problemas, sobre todo el inicio. Al igual que en el otro, no viene de más un repaso a los mojones, algunos de ellos partidos, y un repintado de flechas

Los albergues:

Cinco albergues públicos, sin rastro por el momento de privados, jalonan este itinerario septentrional. A nuestro entender las 130 plazas que ofertan son escasas para esta ruta aún desconocida por muchos pero con grandes atractivos para el peregrino. Hubo que esperar casi dos décadas, hasta 2010 y 2013, a que se fraguara la apertura de albergues en Pontedeume y Betanzos, concellos que tendrían que haberlos abierto años antes. Cada vez que se abre un albergue nuevo, automáticamente aumenta el número de peregrinos. Es una operación matemática simple en la que gana una gran parte y en la se sigue suspendiendo Aun así, Sigüeiro, la última población de servicios antes de Santiago, continúa siendo el punto más necesitado del Camino Inglés. Sin albergue para romeros, sólo cede su polideportivo a grupos que tengan reserva previa. Un hostal en la misma localidad y un hotel unos kilómetros más adelante constituyen la única alternativa a día de hoy.

Bibliografía:

Itinerario da Ruta Xacobea Camiño Inglés, obra de Manuel P. Grueiro. Los textos y planos, que incluyen un extenso trabajo de campo, fueron editados por el Concello de Neda.

Los caminos de la mar a Santiago de Compostela, obra firmada por Feliciano Novoa Portela y Pilar Ramos Vicent, con prólogo de Francisco Singul. Editada en 2010 por Lunwerg S.L. y Ministerio de Defensa.

Camino Inglés, editado por la Xunta de Galicia con motivo del Xacobeo 2010, con textos de Francisco Singul.

El Camino Inglés, de Alicia Carrera Gómez, editado por A Nosa Terra.

Dinamarca Jacobea, de Vicente Almazán. Editado por la Xunta de Galicia con motivo del Año Xacobeo de 1999.

Las peregrinaciones a Santiago de Compostela, obra en tres volúmenes de Luis Vázquez de Parga, José María Lacarra y Juan Uría Ríu. Se ha consultado un facsímil editado por el Departamento de Educación y Cultura del Gobierno de Navarra en colaboración con Iberdrola de la edición publicada en 1948 por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Las Peregrinaciones Jacobeas, obra en tres volúmenes de Luciano Huidobro y Serna y varios colaboradores publicada por primera vez en 1950 y 1951. Se ha consultado la edición realizada por la Diputación Provincial de Burgos e Iberdrola con motivo del Año Santo de 1999. En el tomo III, en el apartado Caminos Secundarios, dedica varias páginas al Camino desde A Coruña y Neda a Santiago.

Los Caminos de Santiago y la Geografía de Galicia. Rutas, Paisajes, Comarcas, de María Pilar de Torres Luna. Editado por la Xunta de Galicia con motivo del Año Xacobeo de 1999.

Así ven los peregrinos el Camino Inglés

  • Con buena compañía

    Juan Manuel Núñez Luna

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  • Senda

    Juan Manuel Núñez Luna

    (6 votos)

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  • El Río

    Juan Manuel Núñez Luna

    (6 votos)

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  • Escaleras

    Juan Manuel Núñez Luna

    (8 votos)

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