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Nunca hubieras imaginado que 7 kilos pesaran tanto

Las 7h., una mezcla de emociones, nos hace ir deprisa en vestirnos y desayunar. No es un día cualquiera, hoy empezamos nuestro Camino.

Las primeras mochilas que vemos a lo lejos, son saludos de buen camino después. Esos acentos extraños, se convierten en extraños compañeros de viaje primero y en palabras de ánimo más adelante, cuando el camino nos lleva por sendas menos amables.

La primera etapa se acaba, los bosques, ríos ,pueblos y gentes, han pasado rápido. Más de lo que recordamos. Llegamos al albergue.

Después de asearnos, comer y descansar. Hacemos un pequeño repaso del día y preparamos el siguiente. Nos proponemos disfrutar más tranquilamente de todo. 

Es de noche todavía, salimos. La gente animosa, con ganas de hablar, de fotografiar el amanecer, de sentir el frescor matinal (pocas cosas en esta vida son tan satisfactorias, como estos momentos). Un peregrino, con problemas, en una parada, se acerca y nos consulta sobre unas rozaduras. Le ayudamos con la vaselina que llevamos. Va con su pareja y diría que superan en mucho los 70 años. Más tarde, nos encontramos y comentando sobre la cultura que hay a lo largo del camino, nos sugieren que les acompañemos a visitar una iglesia octogonal. Pero nos hemos de desviar unos km. del camino. Fue una buena experiencia. Después comimos juntos y 

Juntos llegamos al albergue. Paseo por el pueblo, visitas a lugares de interés. Tarde de charla con otros peregrinos. Las 22h. silencio, se apagan las luces.

Cuando llevas unos días, te parece que no vas a poder seguir. Cada cuesta pedregosa , cada camino polvoriento interminable, cada gota que cae. Te hace pensar en dejarlo... pero existe la voluntad de superación, existen las palabras de ánimo, existen las recompensas diarias de unas palabras con aquel pastor o con aquella señora que hacía ganchillo en su puerta y te saludo, aquellos niños que en la puerta de su colegio dejaron una libreta, para que les contaras en pocas palabras tu experiencia, de aquel pueblo que no sabías que existía y tiene una iglesia espectacular, de aquel vino que te dieron a probar y no conocías su clase de uva, de aquel hospitalero que te ayudó con un dolor en el pie o con aquella hospitalera que te hizo una comida estupenda, o con aquellos que diariamente compartes desayuno, buen camino, agua, vendas, charla, litera, cena.

Una vez repuesto moralmente, coges tu mochila (nunca hubieras imaginado que 7 kilos pesaran tanto), y hechas a andar. 

Hoy llegamos varios peregrinos a Arroyo San Bol, curioso lugar. Una compañera, nos comenta que era un sitio medio abandonado cuando ella estuvo en una ocasión anterior. La primera sorpresa para ella fue, el tremendo cambio que había sufrido. Ahora es un pequeño pero buen albergue. En medio de la nada, a los pies de un arroyo (en el cuál se bañaron algunos, a pesar de lo fría que estaba el agua), rodeado de campos y a unos km del pueblo más cercano. En un comedor muy chulo, cenamos en comunidad, un alemán, un checo, dos americanas y cinco españoles .

Nuevo día, el paisaje que ayer era verde, hoy se convierte en andadero al lado de la carretera. Una prueba más para tú moral. Miras a lo lejos y ves las montañas, los campos, los cielos inmensos que te sobrecogen. No hay pueblos en muchos kilómetros. Te acompañan los pájaros, la paja ya recogida, tus pensamientos y esa sensación única de libertad, de saber que no hay otra cosa que hacer, más que caminar, disfrutar lo posible, llegar al albergue, descansar, comer bien...

Los alemanes, ingleses, irlandeses, holandeses, italianos, chinos, coreanos, norteamericanos, brasileños, australianos, colombianos, son personas de las nacionalidades que conocimos. En algunas épocas son mayoría. Impresiona lo que es capaz de hacer, un libro (nos contó un brasileño ), una película (un norteamericano), una moda (una coreana), la fe. Para decidirse a hacer miles de kilómetros y ponerse a andar días y días, con el dolor que antes o después aparece, con la mochila que es parte inseparable de tú persona, con aquel amigo que hiciste subiendo el monte del Perdón, con el que aprovecho para dejar tus deseos en la cruz de hierro (quizás es uno de los sitios más emotivos de el camino) y bajar los Montes de León, con un sólo propósito, vivir la experiencia de hacer El Camino.

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