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Piedras y Ajuares del Camino

PIEDRAS Y AJUARES DEL CAMINO ?

"Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

Caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Al andar se hace el camino,

y al volver la vista atrás

se ve la senda que nunca

se ha de volver a pisar.

Caminante no hay camino

sino estelas en la mar"  (A. Machado)

            Recorrer el Camino de las Estrellas, más conocido como Camino de Santiago, por sus distintos trazados, es sin duda una de las experiencias más positivas e inolvidables al alcance de cualquier persona, independientemente de sus creencias, formación, estatus social, preparación física o disponibilidad de tiempo.

Tener la posibilidad de disfrutar de los diferentes paisajes que la naturaleza nos ofrece, las diferentes costumbres, gastronomía y tradiciones?, senderos, vegetación y orografía diversa?

Disfrutar con los embriagadores aromas, las diferentes luces que colorean los días, las distintas tonalidades del azul del cielo y la intensidad de las estrellas cuando estamos fuera de casa?

Comprobar personalmente nuestra capacidad organizativa, planificadora, la resistencia física y mental y nuestras habilidades sociales... fuera de nuestro círculo de confort, es sin duda un regalo para nuestros sentidos y todo un lujo emocional, que nos da una idea bastante aproximada de nuestras propias piedras del camino.

 

En cada itinerario, al igual que en nuestro propio camino, hay que estar atentos a las señales que tanta información nos dan y asegurarnos así la dirección correcta. La ausencia de "flechas amarillas", sumadas a la duda personal, debe darnos la prueba evidente de que el tramo caminado no es el correcto. La falta de señales, a menudo es también una señal.

 

El Camino de Santiago es un puente más hacia el camino personal. Un viento fresco y sereno que entra por esas ventanas que a menudo no abrimos y que nos ofrecen una visión de un mundo lleno de posibilidades. Un ejercicio físico y espiritual que nos iguala como seres humanos.

 

Cada cual tiene sus propios motivos para hacerlo y todos son igual de válidos. Lo importante no es que el sendero vaya hacia arriba o hacia abajo... el camino importante es el que va hacia adentro de uno mismo. Ese que no se ve y al que sin embargo,  hay que dedicarle nuestro tiempo más sincero. 

 

Da la sensación de que el frenético ritmo diario - laboral, tecnológico, virtual? pero frío y superficial-, nos arrolla sin remedio, privándonos de espacios físicos y mentales, de silencio, distancia y profundidad, dejando ocultos muchos ?peros, cómos y porqués?, que nunca tenemos tiempo de abordar y que dejamos pendientes de resolver.

Se trata simplemente de permitirse un tiempo con uno mismo. De ser capaces de interiorizar, de conectar y de relativizar. De reordenar nuestras prioridades. De intentar diferenciar y encontrar lo verdaderamente importante, entre todo lo que nos rodea y en todo cuanto hacemos.

 

En solitario o acompañado, el camino ofrece momentos de soledad y de complicidad con nosotros mismos y con otros caminantes;  "Familiares del camino", como a mi me gusta llamarles. Sorprende como en un periodo tan corto de tiempo, puedes llegar a establecer vínculos con personas completamente ajenas a tu vida, sólo por el hecho de compartir experiencia, porque el tiempo compartido es un tiempo real, sin adornos, con un objetivo común, que hace posibles la meditación, la comunicación y la reflexión.

 

Apostemos por rescatar el placer del "Ajuar Sentimental". Recuperar ese tiempo  del cuidado y el mimo en lo que hacemos y por quien lo hacemos. El de respirar sintiendo. Tiempo para la ocupación y la  preocupación. La toma de contacto con nosotros y con los nuestros. Permitirnos cuidar y mimar a los demás y también dejarnos cuidar, aunque a veces cueste. 

 

Rescatar el tiempo de la escucha, las miradas cómplices, el sonido de las voces y el tacto en la presencia y en la conversación. En definitiva, recuperar la cercanía y la empatía. Y dosificar nuestra autosuficiencia, cuando genere distancia.

 

Afrontar nuestras frustraciones, siendo conscientes de nuestras limitaciones. Situar los miedos, que no obviarlos, hacerles frente y buscar soluciones. Relativizar y soplar fuerte para limpiar del camino ese "polvo y paja"  innecesario y nocivo.  Ser capaces de ver que detrás de impredecibles tormentas, interminables días grises y determinantes puntos suspensivos (?), otras metas y proyectos son posibles. Aceptar que en ocasiones no está en nuestra mano la solución a los problemas.

Y por fin, volver a casa en el más amplio sentido de la palabra. Porqué, ¿ Acaso hay mejor sensación que esa, cuando es plena? Volver con la convicción de que todo es más sencillo de lo que nos parece, en muchos aspectos. De que podemos. Qué la lucha y la sonrisa, siempre han de acompañarnos. Que todo aporta, que lo difícil también nos enseña. Preparar nuestra maleta, la del mejor viaje hacia nosotros mismos y dejarle un espacio infinito para ese "ajuar sentimental" que ha de ser para nosotros el mayor de los tesoros. Nuestro mejor legado.

Qué después de ese punto de inflexión, que supone para cada cual pararse en medio del recorrido? podamos retomar de nuevo en la dirección que nos planteemos.

En ocasiones no podremos elegir y tendremos que aceptar, aprender y valorar de nuevo. Pero que de eso se trata. Seguirá siendo nuestro camino, único y especial, como cada uno de nosotros. Y comprobaremos como todas las experiencias forjan nuestro carácter? que  "si ahora somos así? sin duda es porque antes fuimos asá" y que cada sentir te hace ser.

?Porque las historias personales, se construyen con retazos del camino.

 

                                                                                              Sarabel Sambía Apuntaté.

 

 

 

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