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Corazón peregrino

                                                                                                                                                              En León, a 9 de julio de 2015

 

Querido cerebro,

Esta carta es para ti. Léela con calma. Será como una terapia. Una especie de rescate y refuerzo para el largo plazo. Te iré escribiendo por etapas, la última carta que recibas llevará el matasellos de Santiago de Compostela y adjuntaré la credencial y la compostela. Espero conseguirlo una vez más. No te vayas quedando las cartas para ti sólo. Compártelas con los demás: la inteligencia, los sentimientos, la memoria, en fin... También en Facebook y Twitter si te apetece, pero de momento no me etiquetes.

Ahora mismo te siento estallar. Las emociones me recuerdan una cuadrilla de bandoleros al más puro estilo Curro Jiménez. Sé que me estás avisando desde hace algún tiempo. Me dijiste que te está faltando espacio. Has de entender que ese no es mi problema, que tus hemisferios no den más de sí ni que mi vida emocional y espiritual sea tan intensa.

Es obvio que te necesito, pero también debo encontrarme a mí mismo. Y sabes que de todos los caminos mi favorito es éste, el de Santiago. Además, la familia y los amigos no siempre están donde tienen que estar. No entienden por más que les explico lo especial y gratificante de la experiencia. Se nota que no son peregrinos, nunca han sido peregrinos, no tienen el corazón de peregrinos y supongo que nunca lo tendrán. No puedo dejar en manos de personas así de novatas tal testimonio por muy familia mía que sean.

Esto es entre tú y yo. No quiero que se te olvide nada. Me gustaría que dentro de unos años puedas, podamos rememorar este viaje. Ojalá no sigas enfadado. Comprende que no puedes estar dándome órdenes todo el tiempo. No quiero que me hables más del subconsciente ni de esas chorradas de razonamientos. Quedarte en casa ha sido la mejor decisión. Descansando, tranquilo. Te empeñas en olvidar y olvidar y haces el tonto de ese modo y no sé por qué. Quizás no estés tan capacitado como yo esperaba para procesar tanta y tan valiosa información. Espero que no sigas por esa línea del olvido tan típica de ti cuando se te cruzan las neuronas. Ese no es el 'Buen Camino', te lo digo desde las cuatro cavidades de mi experiencia.

No vayas a creer ni por un momento que se me han cruzado los ventrículos con los atrios sólo porque te estoy contando lo mismo que el año pasado. Tu discurso sobre que lo mío no tiene arreglo y que soy un corazón friki lleno de ideas peregrinas ya me lo sé. Lo que ocurre es que necesito bombear a un ritmo más lento. Me alteras, y necesito tomar algo de distancia. Además, a veces no me acuerdo de todo y me gustaría, ya que tú eres el experto, que almacenaras algunos nombres. Son pequeños detalles: el nombre de la fuente que hay en Boente y que está junto a la carretera, o la pequeña ermita que se sitúa a la salida de Samos, con su hermoso abeto color verde chillón que la custodia.

Por cierto, las conchas de bronce continúan rociando el suelo de la calle Ancha, la que va a dar a la Plaza Regla. Desde ese café tan modesto que hace esquina ¿te acuerdas?, la catedral tiene una captura fotográfica excelente.

Ya son las ocho de la mañana y los peregrinos y el sol despuntan sobre la plaza. Mientras le dedico un haiku a la Pulchra leonina ella parece contemplarme a mí:

Siglos de culto.

Vidrieras medievales

cuidan el cielo.

A mi regreso quiero que leamos juntos las cartas. Quiero revivir de nuevo esta aventura tan emocionante, con un detalle tan escrupuloso que pueda percibir hasta el olor de las hortensias, sobre todo las que son de color azul. No se me ocurre otra forma de dilatar estos días. Si por mi fuera me pasaría la vida en el Camino de Santiago. Por eso quiero que imagines que esto es una herencia y tú eres mi heredero. A fin de cuentas no tengo nada más valioso que dejarte. Además, que ibas hacer tú sin mí. De hecho nada; si yo muero tú mueres.

Cuídate querido amigo. Estoy muy emocionado. Parece que es la primera vez que hago esto en vez de la quinta. ¡No sabes como pesa la mochila! Casi me alegro de que no hayas venido, con tu kilo y medio de más habría estado más acelerado de la cuenta y estoy un poco cansado de tantas palpitaciones.

No me guardes rencor, mientras tú entrenas la memoria yo me pongo en forma, lo de caminar por la vida es todo un arte, y perdona querido amigo pero el experto aquí soy yo.

Con el afecto que me caracteriza recibe un fuerte abrazo de tu buen amigo,

 

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