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Λ

Un peregrino entre tanto ciudadano

10:00 a.m. Madrid. El sueño inunda tu cuerpo. Una pantalla de ordenador te recuerda las 9 horas que tienes por delante sentado en esa insufrible silla escribiendo ese interminable informe que tu jefe quería para ayer. Sin embargo, algo en tu mente no te deja trabajar. Un vivo recuerdo invade tu mente por un segundo. O quizás un minuto. O quizás una eternidad. Cierras los ojos y te pones a recordar. Ese recuerdo parece más vivo que nunca. Tanto, que sientes una necesidad de levantarte y caminar: 

 

¡Buen camino!- se oye en la madrugada. La niebla gallega lo cubre todo. Ni siquiera deja entrever el camino que, aun oculto, permanece pintado en el horizonte guiado por sus características flechas amarillas. Pero no importa, sabes cuál es tu destino y ese es tu único motivo para continuar. Tras esa interrupción, el silencio vuelve a inundarlo todo de nuevo. Solo dos palabras son capaces de romper aquella tranquilidad. Buen camino marca un saludo, un encuentro entre peregrinos, un lema, una forma de vida. Día tras día el camino se hace más y a la vez es menos lo que queda para llegar. Un camino que empieza con la emoción de quien empieza una nueva vida. Movido por la incertidumbre de lo que te encontraras a lo largo de las sendas, los peligros que atravesaras, los percances que superaras, y las experiencias y alegrías que experimentaras. Cuando aterrizas en la primera etapa eres consciente de quien eres, sin embargo aún no sabes en quien te convertirás. Solo una mochila, un saco y una cantimplora llevas a cuestas. Tú única casa posible. No necesitas más. Te sientes un nómada entre tanto sedentario. Cada andada es un paso más hacia el final. No hay lugar para mirar atrás. Ni siquiera te planteas retroceder. Disfrutas de cada paisaje, de cada imagen, de cada pueblo, de su gente y de su costumbre. Lugares inhóspitos en mitad de la nada más profunda. La llegada a cada albergue supone una bocanada de aire fresco. Un intercambio de culturas. Un alivio y a la vez una pausa en el camino que te hace desear aún más la siguiente etapa. El camino es el único tema de actualidad. Nada importa, nada es relevante. Pomadas, vendas, tiritas se intercambian como quien intercambia cromos en un patio de colegio. ¿Y tú desde dónde vienes? Intercambio de experiencias, de historias y de consejos. Todo es bienvenido para afrontar la siguiente etapa. Risas, muchas risas se escuchan en las habitaciones del albergue. Y sin darte apenas cuenta aquellos nuevos conocidos se convierten en tu pequeña nueva familia. De algunos ni siquiera su nombre recordaras, y sin embargo, habrás compartido más tiempo que con cualquier persona de tu vida diaria. Un nuevo día, una nueva etapa. Un único camino por delante con un único destino. Y miles de sensaciones guardadas en tu recuerdo difíciles de olvidar.

 

Despiertas con una sonrisa. Vuelves a la realidad. Y la gente aún no puede entender como un simple camino puede dar tanta felicidad. Si solo es andar por andar, te dirán. Sin embargo, hoy, desde la fría mesa de tu oficina te miras reflejado en la pantalla de tu ordenador mientras redactas ese informe insufrible. Tú reflejo es diferente, te ves diferente, te sientes diferente, cambiado, y es que aún no eres consciente de que eres una persona diferente desde que volviste. Una vieira colgada del borde del ordenador y alguna herida de guerra sirven de recuerdo de que aquello ocurrió de verdad. Que no es un sueño. Y cuentas los días que quedan para volver a ser un nómada entre tanto sedentario. Un peregrino entre tanto ciudadano. Dicen que todo peregrino llora al menos una vez durante el camino. Déjame decirte que el llanto más grande se produce una vez llegado a Santiago por el deseo de volver a empezar.

 

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