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Una babel de corazones

Dentro del recorrido del Camino hay lugares en cuyo nombre, se nos revela cual era su función, uno de ellos es Hospital de Orbigo, además de ser conocido por su historia sobre el Paso Honroso; su nombre de Hospital es un excelente recordatorio para los peregrinos que venimos necesitados de hacer ?reparaciones? para hacer una pequeña pausa.

Encontré un albergue muy especial, desde la entrada se percibía que era un lugar art friendly, antes de entrar, como parte de un ritual para hacer del lugar un espacio sagrado, había que dejar las botas llenas de lodo en la entrada, un buen baño combinando agua fría y caliente y a comenzar el proceso de reparación: cortar uñas, sanar y limpiar ampollas, utilizar pomadas y aromaterapia para relajar los músculos, y sobre todo tomar una siesta para recuperar algo de la energía utilizada. Al despertar con la llegada de más peregrinos, la curiosidad habitual de explorar el lugar me llamaba para salir y vivir ese ambiente tan particular de los pueblos del Camino.

Al momento de bajar las escaleras me encuentro con un letrero que decía: hoy cena compartida, ¿qué es eso de cena compartida? le pregunté a una peregrina holandesa que estaba leyendo en la sala del albergue, me dijo que era comprar algo para compartir con todos en la noche y tu mismo cocinarlo o ayudar en ello; bueno, me pareció una buena idea, y me dispuse a acompañarla a buscar un lugar donde comprar los ingredientes, vamos recorriendo el pueblo que tiene dos ó tres supermercados y encontramos uno que tenía una pequeña sección gourmet en donde ella compró unos quesos holandeses para preparar una pasta; yo falto de confianza en mi capacidad de cocinar, compré jamón serrano, queso y pan; llegamos de regreso al albergue, el cual en esos momentos ya era un verdadero hormiguero de peregrinos que terminaban de bañarse y bajaban a las áreas comunes a convivir con los demás, el Camino es un excelente abrelatas, hasta el corazón más amargado y cerrado se abre con las muestras de cariño y el ambiente que parece caldo de cultivo para el virus llamado felicidad.

Estando en el área común, observo un caballete y lienzo y me le quedo viendo, en eso una de los hospitalarios del albergue me dice: ¿por qué no pintas algo?, dudé, no porque no quisiera hacerlo, sino por sentir que había olvidado lo que era expresarme a través de esa forma, seguramente tenía la mirada perdida y nuevamente me volvió a insistir diciéndome que para eso estaban los materiales, sólo hacía falta el artista. Me acerqué al caballete y al tomar los pinceles sentí como cada paso recorrido hasta el momento quería expresarse.

Pintura azul, amarilla, con algo de blanco. Lo que pintaba era una representación del símbolo del camino y en lugar de líneas utilicé serpientes y escaleras, un simbolismo de las aventuras que había vivido hasta el momento, el Camino es un crisol de experiencias, aventuras, que provocan emociones era lo que brotaba de mi interior y se plasmaba en el lienzo; mientras yo pintaba otros peregrinos leían, unos conversaban, algunos escribían, uno o dos filosofaban y reflexionaban, y uno reía como loco de cualquier cosa.

La hora de la cena se acercaba y poco a poco todos fueron acudiendo al llamado, una representación de cinco continentes, razas y nacionalidades: una holandesa, dos franceses, una australiana, una Coreana, dos italianos, una japonesa, un turco, un sudafricano, un brasileño y un sueco.

Nos fuimos reuniendo, una sonrisa, decir tu nombre y de donde venías, primero un intento de español, algo de inglés, y nos adentramos en la cocina, comenzamos a cortar las verduras, a cocinar la pasta, a preparar los bocadillos, y poco a poco al igual que en el fuego en donde la mezcla de ingredientes se iban cocinando, con nosotros ocurría lo mismo, cada quien era un ingrediente y nos íbamos fusionando, algo nuevo se estaba formando, en eso ocurrió la magia a través del canto, los italianos cantaban en su idioma y una vez que terminaron otra persona tomaba su turno para cantarnos algo en su idioma, algo de su lugar de origen, los ingredientes seguían cocinándose y algo que nunca olvidaré ocurrió, cada quien hablaba en su idioma, cada quien se expresaba con la mayor normalidad en su lenguaje y todos nos entendíamos, no existían barreras para comunicarnos, nos entendíamos al mismo tiempo de hablarnos, la boca se movía pero el corazón hacía la traducción, y los cantos seguían de fondo mientras disfrutábamos de lo que cada quien aportó a ese festín, alimentos cocinados con tal gusto que se palpaba en cada mordida, el alimento no solamente entra por la boca, todos los sentidos nos alimentan.

Terminó el día y al momento de acomodarme para dormir, mi pensamiento era: encontré a mis compañeros de Camino, estaré viajando con ellos disfrutando de su compañía, y disfrutando cada noche de esta forma de convivir, no tengo que buscar nuevos amigos no estaré solo caminando.

Dos días después y nuevamente me encontraba caminando solo, una de las lecciones del Camino, cada quien a su ritmo, y no tener apegos, los momentos en que se coincide son momentos que hay que aprovechar y disfrutar y siempre nos encontraremos con nuevas oportunidades de seguir conociendo más de nosotros mismos a través de los demás.

Se puede vivir en una Babel de lenguajes, de nacionalidades, de creencias, pero en el corazón siempre habrá un punto de encuentro.

Buen Camino.

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