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Como la vida misma...

El camino de Santiago es como la vida misma; cada día esta lleno de sorpresas; hay dificultades que resolver pero, finalmente recibes una recompensa.

Soy una mexicana de 54 años. Probablemente la primera veterinaria mexicana que ha recorrido el Camino de Santiago de Compostela desde París, viajando por el Camino del Norte, hasta Finisterra en bicicleta.

Había soñado con este viaje desde hace varios años. Escuché a varios compañeros ciclistas que lo habían hecho, pero no sabía exactamente de qué se trataba.

He recorrido en bicicleta varios estados de mi país. También he recorrido Suiza y parte de Mallorca, pero la idea de Santiago se mostró ante mí como algo místico y poderoso al llegar a mis manos el libro ?El Peregrino?, de Paulo Coelho. Al comenzar a investigar la historia de las reliquias del Apóstol Santiago y la cantidad de peregrinaciones que desde la antigüedad llegaban procedentes de todo Europa, la idea cobró especial trascendencia en mi mente. El Camino se presentaba ante mí lleno de misticismo y filosofía?

La oportunidad no pudo llegar en mejor momento. Este año me divorcié y pensé que el Camino me ayudaría a superar los malos momentos que afronté. Una especie de ?Sanación? para mi cuerpo y alma... Y así fué.

París es mi ciudad favorita, por eso decidimos comenzar desde ahí. Un amigo mexicano me acompañó en esto que ha sido la mayor hazaña de mi vida. Iniciamos en el ?Km cero?, en Notre Dame.

¿Por qué digo que es como la vida misma? Porque cada día tú te propones un objetivo, trazas una ruta y un supuesto itinerario a recorrer, sin embargo, a lo largo del día suceden imprevistos. En mi caso lluvias fuertes en Francia, desviaciones por reparaciones en las carreteras, llegar al mediodía a los pueblos franceses y no encontrar un alma, ni siquiera una panadería abierta... En fin?

Sin embargo, después de alguna dificultad, o cuando más se requería de ayuda, siempre hubo alguien que apareció para ayudarnos, guiarnos en el camino, o simplemente darnos palabras de aliento.

No fue fácil trasladar las bicicletas desde México. Pedalear tantos Km (casi 2000) durante un mes, fue un reto fuerte para mí, pero la belleza de los paisajes, la amabilidad de la gente y el deseo de cumplir con mi objetivo y poder contarles a mis hijos el resultado del esfuerzo me alentaban a seguir cada día.

Francia es un país extraordinario. Mi amiga Perrine nos consiguió el Carnet para poder identificarnos en los albergues, así como una guía de todos los albergues franceses. Cada albergue era una sorpresa por descubrir... Había desde casas de personas que han recorrido el Camino, pasando por verdaderos albergues para mucha gente con camas o literas, hasta recámaras en Abadías o conventos de religiosas, cuya belleza y paz te brindaban un descanso incomparable.

Escogí el Camino del Norte porque recorreríamos la costa y podríamos recorrer el País Vasco, Asturias, Galicia. Tenía especial interés en visitar Gernica y poder conocer más de su historia y el cuadro de Picasso que tanto me gusta, probablemente mi cuadro favorito. No me equivoqué. El Camino del Norte ofrece una gama de paisajes extraordinarios, combinando montañas y una hermosa costa de diversas tonalidades de azul, con un excelente clima y ciudades majestuosas.

Conocimos a un hombre que iba caminando desde Francia para agradecer el haberse curado del cáncer, una mujer muy devota que cada año lo recorre y que nos cantó hermosas canciones tradicionales de Santiago. En Lourdes recibimos la bendición en la catedral. Fuimos invitados a varias casas a comer y beber, conocimos Saint Emilión en donde pudimos apreciar la iglesia y unas cavas, recorriendo en bicicleta los viñedos de la región.

En fin, todo lo que aquí pueda relatar será poco en comparación a los paisajes extraordinarios y la increíble vivencia que significa llegar mojada, con frío a una ciudad y sólo encontrar abierto un restaurante de árabes en donde nos recibieron muy atentamente con tazas de té caliente (sin cobrarlo), y posteriormente llamar al dueño del albergue en donde nos hospedaríamos, quien desbordando amabilidad fue por nosotros para llevarnos a su casa que estaba a 10 Km de donde nos encontrábamos.

O qué decir del francés aquel que nos encontró a la orilla del camino admirando un monumento a los caídos en la Segunda Guerra Mundial, el cual él construyó, y luego nos invitó a su casa para beber una botella de un vino de su región.

Regresé a México curada?Libre de sentimientos tóxicos?Renovada y con nuevas fuerzas. El haber podido abrazar al Señor Santiago y admirar el mar desde la montaña que alberga el faro en Finisterra fueron la mejor medicina. No volveré a ser la misma. He alcanzado la paz espiritual que el Camino de Santiago obsequia a todos los que lo recorren. Con razón muchos regresan. Es seguro que también lo haré.

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