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Las lecciones del camino para la vida

El 18 de agosto de 2013 llegué a la plaza de Santiago de Compostela después de 30 días de caminata, cerrando lo que ha sido el viaje más bello de mi vida. Fueron aproximadamente 765km para llegar desde Roncesvalles, al borde de los Pirineos, hasta la catedral más visitada de Galicia desde la Edad Media.

Hay muchas motivaciones para hacer el camino, todas están bien. La fuerza que se necesita para terminarlo no es física, es mental, es espiritual.

Lección No. 1: Todo lo que necesitas pesa 6kg o menos y lo puedes llevar a la espalda. Descubres que tu hogar va contigo a donde quiera que vayas, tu casa eres tú mismo. Redescubres que tu verdadera belleza está dentro de ti.

Lección No. 2:

¿Te gusta ser el primero siempre? Bueno, el camino es una gran oportunidad para darte cuenta que no siempre los que van adelante llegan primero, que no siempre los que van atrás llegan de últimos, porque ni la vida ni el camino son una competencia con los demás. Para llegar a Santiago sólo hay que dar el siguiente paso y , como dice mi papá, esperar a que pase el tiempo. Casualmente en la vida real también es así, haces lo que tienes que hacer y el tiempo te entregará tus frutos. Tu meta es tu fuerza y si tu meta es la de los demás, entonces tendrás mucha más fuerza. Cuando lo haces por ti es un reto, cuando lo haces por los demás es un propósito.

Lección No. 3: Si caminas solo vas más rápido, pero si lo haces con alguien, llegas más lejos.

La velocidad en soledad es maravillosa, la fuerza, inversamente proporcional. El camino nos muestra cómo necesitamos del apoyo, del cariño, de la fuerza de los demás, yo, por ejemplo, no sé que hubiera sido de mí sin Jeff, no sé si hubiera llegado, porque él y muchos de mis compañeros de ruta fueron mi fuerza y mi sostén e hicieron que sacara lo mejor de mí para no dejarlos atrás, para invitarlos a que siguiéramos juntos.

Lección No. 4:

Hay algo maravilloso del camino, algo que no dejo de extrañar en la vida real: En el camino todos somos de la misma clase social: la del peregrino. En el camino sólo importa tu condición personal, tu fortaleza espiritual, tu capacidad para compartir. En lo material tenemos todos los mismo, ¡no podemos cargar más! Entonces lo único que puedes entregar es a ti mismo, y es lo único que vale la pena recibir.

Lección No. 5:

En el camino no hay límites, siempre vas más allá de ellos, y están mucho más lejos de lo que siempre pensaste. Los demás peregrinos no te retan, te atan a su fuerza, que te arrastra con ellos.

Lección No. 6:

El camino te hace volver a entender la importancia, del comer, dormir, ir al baño, tomar una ducha. Las prioridades recuperan su orden. A través de la simpleza del día a día conectas con tu ser espiritual. Se cierra el círculo, lo profano y lo divino se tocan y volvemos al origen, ese que tanto buscamos en las meditaciones, los libros, los maestros y las religiones. Nunca mejor comprobado aquello de que menos es más. Para regresar al centro de nosotros mismos no tenemos que llenarnos de más conocimientos, de más técnicas ni de más dioses; por el contrario, desprendiéndonos de todo lo que no es fundamental es que volvemos a nuestra cueva interior y nos recibimos a nosotros mismos como al hijo pródigo, cuyo regreso añorábamos tanto.

Lección No. 7:

Nunca me sentí más presente que durante esos 30 días de peregrinaje. Nunca mi cuerpo, mente, corazón y espíritu se encontraron en el mismo lugar y a la misma hora tantas veces y tantos días seguidos. El aquí y ahora cobró un sentido de realidad que no había experimentado jamás. El pasado no existía, el futuro, casi inalcanzable, era la gran ilusión de llegar a la plaza de Santiago. Pero no necesitaba de ninguno de los dos porque el momento presente era un tesoro de gran valor, y me proporcionaba la dicha propia del no acontecer, la paz del no pretender.

Lección No. 8:

?Esta extraña sensación de no saber si al llegar a Santiago habré recuperado mi libertad o la habré perdido?, escribí unos días antes de terminar la travesía. Mi cuerpo llevaba ilusionado la cuenta regresiva, mi corazón y mi alma entendían de otra manera el llegar al final. Alcanzar la meta, pisar Santiago de Compostela significaba recuperar un montón de prendas de vestir, una cama y un baño de uso exclusivo, y otra serie de cosas de la vida real cuyo precio, no estaba segura de querer pagar.

La vida simple de esos 30 días me había regalado sensación de liviandad, de lo esencial, de lo verdaderamente importante. Me había privado de comodidades y lujos y había traído consigo una libertad que antes no conocía, y mi ser interior estaba encantado con esta nueva manera de ser y de vivir.

Hoy, después de más de dos meses de haber estado en lo que fuera mi destino, puedo decir, sin duda, que al llegar a Santiago perdí la libertad más plena, simple y, por lo tanto feliz, que jamás haya tenido en la vida.

Lección No. 9:

La felicidad no es una excitación constante, es mas bien una serenidad permanente, un día a día lleno de paz a pesar de los sobresaltos de la vida.

Aura Helena Prada G.

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