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Día 15 – La Casa de los Dioses

Una alucinante sorpresa, palabras más, palabras menos, pero ningunas serían suficientes para expresar lo que ese momento, ese espacio, ese sincronismo de circunstancias había logrado despertar en ti, todo derivado de, cuando tu camino se partió en dos y era tu elección decidir cuál alternativa, un rápido impulso te habría empujado tu derecha, un camino tal vez más prolongado y accidentado, pero que en tu desconocimiento, tendría preparada para ti una de las noches más espléndidas de tu andar.

Esa decisión, quizá afanosa, quizá despreocupada gracias a tu apertura al universo y lo que este habría de disponer en tu camino, conduciría tus pasos hacia uno de los lugares más mágicos que habrías conocido jamás. En un fantástico grado de sencillez materialista, y una profunda y trascendental energía eterna que a cualquiera podría recargar en un instante no más dejarse embeber en el momento, se presentaba ante ti “La Casa de los Dioses”, lugar espléndido compartido por dos fantásticos personajes cuya alegría de vida se alimenta de saberse útiles a las personas, de servir, de buscar que sus acciones y esfuerzos redunden en bienestar para aquellos peregrinos que pasasen por allí, algunos tal falta de afán, que se permitirían disfrutar la amplia oferta gastronómica dispuesta allí como (en palabras de los anfitriones) “regalos de la vida”, y que David y Andrei preparaban con una devoción tal que incluso en sus palabras se dejaba percibir, cada vez que entretejían minutos con historias de vida, o saludaban a algún peregrino que hacía su paso. “Buena Vida” dejarían escapar en saludo, buena vida, sería su deseo sincero para todo aquel que con ellos –y contigo en ese momento-, compartiera una sincronía de espacio y tiempo en la cima de una meseta que por demás, te permitía eternizar tu mirada, y extraviarla en el horizonte.

Resulta curioso como tantos lugares tan profundos, tan especiales, encuentras en el camino, bajo circunstancias particulares, queriendo embelesar el momento en una especie de sensación de coincidencia, que si bien te permites pensarlo, quizá trasciende es a sincronismos. Una sincronía del universo que se configura tras una cadena de circunstancias que se han hecho presentes para definir tu ahora. Te permites trascender tus pensamientos y refuerzas tu certeza, de que al final, las circunstancias son solo formas de dibujar un camino, más no una forma de navegar. El camino ahora puede estar descrito en infinidad de guías donde te recomiendan dónde alojarte, dónde cenar, dónde detenerte… pero tu forma de navegar difícilmente podría llegar a aparecer impresa en las hojas de alguna publicación comercial. Tu navegar, en pleno, sólo muy dentro de tu ser, donde el espíritu irradia energía y todo se ve adornado de un intenso y eterno brillo que deja que tu esencia trascienda, quizá, solo en una ínfima porción, podría llegar a describirse desde tus palabras, en tus notas de viaje, en tus recuerdos de vida…

Y así, entre reflexiones de vida, conversaciones profundas, y enérgicas vibraciones atiborrando la escena, el sol habría escogido que era su momento robar suspiros y atraer miradas. A lo lejos, donde tu mirada revoloteara de risco en risco, jugando a interpretar figuras y descifrar caminos, el cielo empezaría a dejarse seducir por su sol, y su tono, antes azul profundo, empezaba a develar colores más cálido, como permitiendo que esa estrella de brillo intenso le intimidara y sonrojara su piel, que para el caso particular, sería todo el firmamento. Un atardecer desde la energía, conectado por completo en sencillez con esos cuantos infinitamente minúsculos humanos que sobre aquella meseta deslumbraran sus ojos ante semejante espectáculo. Los mismos que para ese instante enmudecieron sus palabras, permitiendo que fuese solo el universo quien hablara, que solo sus melodías se escuchasen en aquel trascendental momento, que liberó aún más tu mente, y puso en ella alas para ir a tocar suavemente esos rayos de sol que despedían ya un día más en tu camino.

La vida daría paso, así, a una noche de estrellas sobre las estrellas. Miles de ellas haciendo del firmamento todo un lienzo atacado de polvo de diamantes. Cada estrella, en su absoluto desinterés de protagonismo, daba su aporte para hacer de esta noche un carnaval de destellos donde tu mirada decidiera posarse. En ocasiones, alguna estrella fugaz intentaría robar el protagonismo, pero tan rápido como apareciera, haría lo propio en despedirse, dejando otra vez una solicitud de sonrisa que instantáneamente tu rostro cumplía dejando entrever tus dientes y denotando que en ese momento, esa noche, en ese lugar… eras plenitud.

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