Saltar el menú de navegación e ir al contenido

  • Bienvenido (ES) | Ongi etorri (euskarazko bertsioa) | Benvingut (versió en català) | Benvido (versión en galego)
  • Bienvenido (ES)
  • Boletines
    •  | Baja  | Más opciones |
  • Portadas anteriores

EROSKI CONSUMER, el diario del consumidor

Buscador

logotipo de fundación

Canales de EROSKI CONSUMER


Estás en la siguiente localización: Portada > Viajes > Camino de Santiago

Λ

Octubre

Hice cena de más. Me gustaría saber por qué. Llevaba tres días andando solo. Patatas con costillas adobadas. La furgoneta del ordinario es la única forma de abastecerse en Sebrayo. Acude si ve luz en el albergue. No está mal provista. También compré una barra de pan, una botella de sidra natural y tres plátanos. Llovía desde hacía varios días pero la temperatura era agradable. No esperaba a nadie ni tampoco había muchas esperanzas de que del bosque saliera algún caminante sorpresa. Hacía ya una hora que había anochecido y tres días que no veía a ningún peregrino. El último fue en San Vicente de la Barquera. Ayako, una japonesa septuagenaria tan pequeña y delgada que el temporal la arrojó al suelo e hizo rodar hasta que se pudo agarrar a una papelera. No le ocurrió nada grave, nos dijeron en el centro de salud. Pequeñas magulladuras en un codo y en las rodillas. Tuvo suerte, o era dura la tía. No quiso más ayuda de mí. Se ofendió cuando le dije que me quedaba un día con ella. Ayer la llamé al hotel. I´m fine, thank you, Pidru (léase Pedro). Yes, yes, tomorrow I´ll go back to walk, Pidru. ¡Buen Camino! Es dura la tía. Su quinto Camino, me dijo aquel día mientras desayunábamos en Comillas. Diluvió de arriba abajo, de abajo arriba y desde todos los costados. A veces creí que si no cerraba la boca me ahogaría. Un coche paró en la carretera ofreciéndome transporte. A voces se lo agradecí al conductor, pero entre mi cuneta y su carril las palabras se las tragaba el temporal. Tuve que levantar mi dedo pulgar y seguidamente hacer el gesto de que seguiría andando. Cuando llegué a Unquera fue como si saliera directamente del río Deva. Logré habitación y me puse ropa seca. Mi patrona me prestó un paraguas. Fui a buscar un lugar donde me dieran de comer tan tarde. Lo encontré. El único bar que conozco que es atendido por un camarero en silla de ruedas. Yo era el último comensal. Una porción enorme de lasaña de verduras, dos copas de vino y una hora de conversación con Joaquín me hicieron regresar al mundo de los secos.

Eso, como he dicho, fue hace tres días y aún no había escampado.

Hoy observaba desde la ventana del albergue de Sebrayo cómo caía el agua en la oscuridad. No había estrellas, las cuatro casas que forman la aldea tenían las luces apagadas y solo si concentraba mi oído podía distinguir entre la lluvia el ladrido de un perro, quizá a un kilómetro de distancia. Tenía la mesa puesta para tres, parecía una broma. Incluso había usado una lata vacía de refresco con dos flores como centro de mesa. Pero la única mochila que colgaba de una litera era la mía. Decidí que ya era la hora de cenar. Usé el sacacorchos con la botella de sidra. Hacía fuerza para destaparla cuando oí un chillido muy agudo que culpé al descorche, pero el sonido continuó incluso cuando tenía el tapón en mi mano: provenía del suelo. Fue fácil saber quién era el emisor. Un pequeño ratón de campo estaba a dos metros de mí. Era un ejemplar marrón canela, sano, joven y descarado. Me aguantó la mirada desde sus dos burbujitas negras. Esto lo has hecho tú más veces, ¿verdad?, le pregunté. No me contestó, pero si quería un trozo de comida se lo tendría que ganar, al menos dándome un poco de compañía. Le volví a repetir las preguntas, esta vez puse una entonación como se les habla a los bebés. Su seriedad me hizo sentir un poco ridículo. Le arrojé un trozo de pan para que ambos cenáramos. Tardó tres segundos en desaparecer con el premio bajo la puerta y otros diez o doce en volver a ocupar el mismo lugar anunciando con el mismo chillido que había regresado. La respuesta a mi pregunta era obvia: no era novato. No lo hice esperar, le arrojé otra miga y la acción se repitió como si estuviera estudiada. Hasta tres veces se llevó pan a donde fuera que se lleven el pan los ratones de Sebrayo. Pero ya no lo volví a ver. No regresó. Cené con la vista puesta en el hueco de la puerta. Lo eché de menos. Era un animal prudente, humilde, que no había querido abusar de su benefactor porque confiaba en la Providencia. Raras virtudes hoy en día. Sentí no habernos conocido mejor. Pensé en la posibilidad de que ni siquiera todo el pan que se llevó fuera para él, que tendría una familia esperando el alimento que traería su audacia, su picaresca, su talento de ratón del Camino. Con más conflictos morales de los que yo deseaba quería tener, recogí todo y me introduje en el saco de dormir.

A la mañana siguiente había dejado de llover, los primeros rayos de sol en días oxidaban las nubes, toda la verdura de Asturias estaba enjoyada de rocío y el explosivo vaho de mi boca parecía extenderse por la campiña. Cerré los ojos e inspiré profundo pero despacio: Fresca madera de roble, laurel y humus, tonalidades de frutas rojas, cilantro e hinojo, recuerdos de nuez moscada y césped recién cortado con un remate de manzana madura. Abrí los ojos, me despedí de la ratonera con un guiño, sonreí y eché a andar.

Cuando me fijé en la primera flecha amarilla de la jornada yo silbaba una canción de Dylan.

El Camino de SantiagoGuía práctica

Camino de San Salvador
Actualizada la App de Camino de Santiago

Otros servicios

Ver la Guía práctica del Camino de Santiago en:


Buscar en

Información de Copyright y aviso legal

Visita nuestro canal Eroski Consumer TV

En EROSKI CONSUMER nos tomamos muy en serio la privacidad de tus datos, aviso legal. © Fundación EROSKI

Fundación EROSKI

Validaciones de esta página

  • : Conformidad con el Nivel Triple-A, de las Directrices de Accesibilidad para el Contenido Web 1.0 del W3C-WAI
  • XHTML: Validación del W3C indicando que este documento es XHTML 1.1 correcto
  • CSS: Validación del W3C indicando que este documento usa CSS de forma correcta
  • RSS: Validación de feedvalidator.org indicando que nuestros titulares RSS tienen un formato correcto