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Λ

O Cebreiro

""Navidad del 2013. El día anterior estuvo cargado de fuertes emociones; salí de Ponferrada siendo noche cerrada, pese a que eran más de las ocho de la mañana, bajo una manta de agua.

Alcancé Villafranca donde se quedó el grueso de peregrinos que había pernoctado en Ponferrada; yo decidí seguir, ya que soy un caminante solitario que prefiere albergues vacíos.

Este rasgo de mi personalidad se me ha acentuado extremadamente desde que mi vida cambió para siempre, el 30 de Abril del 2010.

Ese viernes sufrí un ictus muy grave.

Ocho meses después decidí que eso del Camino de Santiago, del que tanto había oído hablar, podía ayudarme, a mí y a mi familia, ya que por aquel entonces la convivencia conmigo era muy difícil debido a las secuelas físico-emocionales del ictus. Quería ver que tenía de especial, ya que todo el que lo hacía repetía. Empecé en Logroño en Marzo del 2011 con la intención de ver hasta donde llegaba y como iba la cosa, pero esa ya es otra historia.

Retomaré el relato camino de Trabadelo, donde llegué bien entrada la tarde, a un magnífico albergue, Crispeta, creo recordar. Allí volví a coincidir con un par de chavalotes de veintitantos, leoneses ellos, con los que ya había estado durmiendo y cenando varias veces y había hecho buenas migas.

Pasamos una magnífica Nochebuena, bien cenados, con la gente del albergue, delante de una chimenea, donde crepitaba un buen fuego que nos calentaba el cuerpo y nos alegraba el espíritu.

Sueño reparador y a caminar.

Empezó bien la cosa, ya no llovía aunque estaba nublado.

Al llegar a la bifurcación, miro al cielo, despejado, poco viento, no mucho frío, y me digo - ¡Chaval, por momentos y lugares como este haces El Camino!

Así que tiro para arriba a través de un paisaje de ensueño, los riachuelos cruzando el sendero, el aire tan limpio que te mareas y una bóveda vegetal te cubre a lo largo de los primeros kilómetros de ascensión.

De repente, empiezan a aparecer las primeras nubes y al poco a caer las primeras gotas de lluvia que a los quince minutos se convierte en aguanieve.

Emocionado por lo hermoso del momento y el lugar, llamo a mi hermano que el verano anterior completó su primer Camino desde Ponferrada.

- ¡Nano, subiendo O Cebreiro por el Bosque Encantado el día de Navidad y está empezando a nevar! ¡Ché, ni hecho adrede!

- ¡Qué suerte tienes, hala, disfrútalo!, me contesta él.

Le cuelgo y sigo caminando, cuando me doy cuenta que la nieve ya me llega por los talones al llegar a la Faba, por lo que intento apretar el paso, cosa que me es harto difícil, ya que no sé si os he comentado, que mido 1,84 metros y peso más de 110 kilos; añadir la mochila que pasa de los 13 kilos (tengo que dormir con un aparato respirador de 2,5 kgs. por las apneas del sueño), es un peso más que considerable a mover a través de más de 30 cms. de nieve; empiezan a entrarme sudores fríos, pues estoy completamente solo (los leoneses ya estaban arriba cuando se desató la tormenta y los de Villafranca aún tardarán en alcanzarme).

Para mejorar la cosa, se desata un viento helado a más de 50 kms./hora, que empieza a asustarme de verdad y que hace que cada paso que doy me cueste Dios y ayuda. Con un esfuerzo titánico consigo llegar a Laguna de Castilla, ya que la nieve me llega por la rodilla y apenas puedo ver el sendero.

Tardo más de 15 minutos en cubrir los escasos cien metros que me separan de las primeras casas y busco abrigo y ayuda desesperadamente.

Una de las casas me abre la puerta, y un par de pastores, padre e hijo, me permiten refugiarme en el establo, mientras nos tranquilizamos el temporal y yo. Son dos bigardos de metro noventa, secos, fuertes, curtidos por el duro trabajo diario, con manos como sartenes, para los que el panorama de hoy es su pan nuestro de cada día.

Para mi los dos kilómetros y medio que me separan del objetivo final, se me antojan en ese momento realmente insalvables.

Me echan una mano y llaman al servicio de 4x4 de O Cebreiro, pero el del Patrol dice que nones, "que no baja ni con el todoterreno, que eso está imposible". Me dicen que tire para arriba sin pensarlo, total son dos kilómetros y medio...

Inicio la subida y paso una de las peores horas de mi vida. Me acuerdo de mi familia, amigos, etc... Sé que es absurdo y que ni mucho menos era para tanto, pero no sé porque razón, mi cerebro potencia ahora las situaciones difíciles hasta convertirlas en empresas imposibles.

Cuando peor lo estaba pasando, empecé a atisbar las primeras edificaciones del pueblo junto a la carretera y el crucero que se haya a la entrada.

Lo había conseguido. Costó, pero llegué.

De hecho, muy clara no debía estar la cosa, cuando la Guardia Civil cerró el acceso por el bosque pocas horas después de iniciar yo el ascenso.

Poco a poco, por parejas o en grupos de tres o cuatro fueron llegando los pocos valientes que se aventuraron a subir por el Camino antes de que fuese

cancelado por ese día.

Reventados, muertos de frío y calados hasta los huesos, pero con una sonrisa en la boca y orgullosos de la pequeña-gran gesta que habían realizado, fueron alcanzando el objetivo que se habían marcado para esa etapa.

Y es que, aunque sea sólo por un día, como diría el gran David Bowie,

nosotros podemos ser héroes.""

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