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Ultreia

Supongo que mi camino empieza como muchos otros, con una promesa: por la enfermedad de mi querido padre.

Semanas antes de empezar mi aventura, la comenté en un bar de confianza; allí, junto a dos personas más estaba el hermano de un amigo mio. Me preguntó ?¿Puedo ir contigo??. Esa misma noche tuve clara la respuesta, pues, hacia unos meses, él había pasado por la misma situación que yo estaba ahora.

Por desgracia, una semana antes de empezar nuestro peregrinar, mi padre falleció.

Pero, una promesa es una promesa. A mediados de Septiembre de 2009, junto al que hoy en día es mi amigo; comenzó nuestra personal peregrinación. El tramo elegido, no tanto por el tiempo, si no por economía, fueron doscientos diez kilómetros del Camino Francés, Ponferrada-Santiago de Compostela.

Desde nuestra querida Valencia y tras el obligado transbordo madrileño, aún de madrugada, llegamos a la bella ciudad de Ponferrada. Admirándola, incluyendo su magnífico castillo gracias a su iluminación nocturna la cruzamos de punta a punta; cafelito y primer sello en el hostal ?La Encina? y hacia delante, directos a la gran Villafranca del Bierzo.

Tras dejar los impresionantes paisajes nos dirigimos, a por el merecido descanso hacia el albergue. Y ahí, de alguna manera, es donde empieza otra parte del camino: el cariño de los que te acogen para compartir mesa con gente que jamás hubieras imaginado.

Descanso reparador, madrugón y primera vivencia (increíble pero cierta). Todavía de noche y durante las rampas de salida de Villafranca, en la parte opuesta de la carretera apareció, la sombra de un peregrin@ acompañándonos; al rato, no sabría decir cuanto, mi compañero le dedicó un ?buen camino? y desapareció. ¿El espíritu de un peregrino errante?

En el mítico O Cebreiro gente ya conocida, junto a nuevas personas de otros países, las primeras curas compartidas; y algo especial empieza a salir de ti: quieres conocer, quieres saber, quieres contar...

Pasan los kilómetros, algunos en compañía y otros en soledad; las fuentes que funcionan y las que no; las aldeas y sus gentes; los cruceiros; la primera misa en un pequeño pueblo.

El pulpo del camino, con su fresca cerveza.

Triacastela, Portomarín, Pontecampaña. Tantos pueblos, tantos monumentos; tantos, tantos... Todo unido por lo mismo: los peregrinos y su camino.

Para acabar, una doble: Arzua-Santiago. Cuarenta kilómetros aproximadamente en los que la economía se acaba y las obligaciones te llaman. Y tras la gran caminata llegas al mítico y maravilloso Santiago de Compostela. Te duchas en el albergue, vas a por el billete de vuelta y sorpresa, para pasado-mañana no hay billetes... ?Cosas del camino?.

De Ponferrada a Santiago: ocho días, doscientos diez kilómetros andados, trece kilos de mochila a las espaldas, peregrinos de todo el mundo, mil experiencias, hospitaleros y albergues, días duros y menos duros, tristezas, recuerdos, alegrías, tertulias vespertinas y cenas comunitarias, ronquidos, olores, sabores; pero siempre viviendo la esencia del camino, siempre adelante.

Y por supuesto llegó la emotiva misa del peregrino. Hoy en día no sabemos aún porqué, los dos a la vez cogimos nuestras carteras, sacamos la foto, de nuestro ser querido, la besamos y con los ojos aún llorosos la guardamos para proseguir con la admiración del ?baile? del botafumeiro.

Once días después llegó la hora de volver. Imposible volver más pobres desde Santiago, junto con nuestras mochilas: una botella grande de agua, tres bolsas de pipas, algunos céntimos y una manzana que compartimos cuando llegó el momento. Tanto es así que cuando llegamos a nuestra ciudad tuvieron que venir a por nosotros, para pagarnos el billete de metro hacia nuestro pueblo.

Una vez en él, orgullosos y sabedores de haber hecho algo muy especial, compartimos unas simples y emotivas palabras junto a un gran abrazo. Ansiosos, llegamos a nuestras respectivas casas para contar a nuestros seres queridos ese camino especial que habíamos realizado.

Llegas nuevo, grande, especial...

Pero la vida me obligó, cuatro años después a hacer otra promesa, esta vez a mi querida madre y por motivos parecidos. En estas fechas y en solitario ya he cumplido la mitad: Saint Jean Pied de Port ? León.

Pero ese, es otro camino...

Ultreia.

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