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Generosidad y Actitud positiva

Todavía no eran las 5 de la mañana y salíamos por la puerta del albergue. En agosto, recorriendo León, el buen tiempo es lo habitual a esa hora.

Nuestro querido hospitalero nos despedía, como cada día, con cariño, respeto y mucho ánimo, regalándonos esa sonrisa que a las 5 de la mañana nos sabe a gloria.

Mi esposa y yo que unos días antes habíamos partido de Burgos completamente solos y faltos de experiencia, recibíamos regalos todos los días, en forma de consejos, apoyo, y constantes ánimos.

El día parecía pródigo en buenas experiencias. Camino de tierra y piedras, con árboles a ambos lados. Llegamos a un pequeño alto, un oasis en el Camino, una cafetería abierta. Allí depositamos las mochilas y nos desayunamos un excelente café con su correspondiente aporte calórico. El día sería largo e ilusionante, otra vez.

Una vez hemos recargado baterías, retomamos la senda. Hablamos, compartimos, confraternizamos. Alguien necesita curarse unas ampollas. De nuevo nuestro querido Ramón (nombre figurado) está al quite para pararse, sacar su indispensable botiquín y ofrecerse a curar a la lesionada.

Ramón ha venido junto a su hermano, desde la Comunidad Valenciana, a recorrer el camino. Es enfermero, y su amplia sonrisa, sus constantes bromas de muy buen gusto, y su entretenida locuacidad hacen de él una persona fuera de lo común, que siempre, siempre, cae bien a los demás. Eso es un don.

Retomamos el camino, ya llevamos casi 10 km de esta etapa, y parece que acabamos de salir. Los halagos hacia Ramón le hacen sonrojarse. Pero lo hacemos con mucho cariño. Es nuestra forma de devolverle sus favores. Pues Ramón, nada nos pide.

Suena un móvil. Caramba, pero si apenas hay cobertura. Es el móvil de Rafa (nombre figurado), hermano de Ramón.

El semblante le cambia por momentos. Pasa de las mejillas sonrosadas al verde pálido. Se para en seco. De repente, las apenas 20 personas que viajamos con él, nos acercamos.

-Por favor, decía Rafa, debo hablar a solas con mi hermano.

Todos nos paramos. Los segundos se hacen horas y los minutos, días.

Ramón se hunde en un profundo llanto y se abraza a su hermano. Todos, sin excepción, dejamos nuestras mochilas. La prisa no existe. El tiempo se ha parado. Y desconociendo la noticia, abrazamos a Rafa y Ramón. Respetamos su llanto, su silencio, su desconocido motivo de dolor.

De motu proprio, Ramón decide hablar. Hasta el viento se para su brisa y los pájaros hacen un alto en sus vuelos.

-Me están intentando localizar desde ayer. Mi novia y su madre han sufrido un accidente de circulación... y me las han ?matado?. Necesito llegar rápidamente hasta Ponferrada y coger el primer tren hacia mi casa.

¡Hostia, qué putada! Acierto a decir en voz baja.

La carretera está en aquella dirección. Vamos a parar un coche para que te lleve rápidamente hacia Ponferrada.

Dicho y hecho. A paso legionario recorrimos la distancia hasta la carretera. No nos importó ni las vallas, ni los toros en celo amenazantes que nos cruzamos, ni las amenazas de los perros que celosamente guardaban a sus rebaños.

Nuestro amigo tenía una emergencia. Ramón nos necesitaba.

Allí paramos un camión. Imaginad a 20 personas, poniendo sus mochilas en la carretera y arrodillándose para pedir que alguien se parara. El Santo nos echó un capote, y se paró.

Un personaje excepcional. Le contamos brevemente la noticia y aunque no era su ruta, desvió el camión para ir hasta Ponferrada. Mientras nosotros nos despedíamos con pena, rabia y dolor. El dolor compartido se lleva mejor.

Llegamos a Ponferrada, y fuimos directamente a la estación de tren, con la esperanza de poderle ver de nuevo. Y allí estaba, a punto de partir su tren. El universo nos dio otra oportunidad de abrazar a Ramón y Rafa.

Y el tren partió.

Nadie le pidió su número de móvil. Nadie le pidió su dirección. Nadie, y casi 20 años después, ¿que ha sido de Ramón y Rafa?

Pero no nos importa. Porque sin duda algún día, en el más allá, Rafa nos presentará a la que fue su novia, y recordaremos con cariño las anécdotas y situaciones que más nos han hecho disfrutar del Camino.

En su Camino de la generosidad y de la actitud positiva.

Hasta siempre, amigos.

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