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El Camino nos da

La vivencia que a continuación voy a relatar, me ha costado mucho decidirme, pero, después de pensarlo y sopesarlo, he querido transcribirlo.

Antes, me presentaré, me llamo Juan, el resto de las personas que nombraré, son nombres ficticios. Fue en septiembre de 2004, era la segunda vez que mis pies pisaban, ésta ruta milenaria, éste camino tan enigmático, camino lleno de vida. La primera vez, había sido en el año 1999, desde Roncesvalles, para ésta ocasión había elegido León-Santiago. Llegué a León el 1 de septiembre (domingo), había elegido para pasar la noche el albergue, de las Carbajalas, como salía de aquí, me mandaron a dormir al pabellón deportivo, no estaba mal para empezar, noche Toledana, larga e inquieta, pero mi camino realmente empezaba a la mañana siguiente. León-Villandangos del Paramo. Siempre me ha gustado madrugar, la mañana era fresca, al notar la mochila en la espalda, coger el bordón y oír el sonido metálico en los adoquines húmedos del rocío de la noche, ver las primeras flechas amarillas, son sensaciones indescriptibles, que sólo aquellos lo saben o conocen, al estar en la misma situación. El tiempo me acompañaba, estaba bueno para caminar y en lo que el diablo se rascó el ojo, me planté en mi final de etapa Villadangos, me sellaron la credencial, y me asignaron cama, en una especie de camareta de 6 literas, de momento estaba sólo, una vez cogida cama, lo típico de cualquier peregrino, ducha, lavado de ropa y pasear un poco, hecho ésto, pues a comer, mi cuerpo y mi estómago me lo pedía. En el restaurante éramos pocos, pero sí me fijé en dos personas, que ya estaban comiendo, no cabía duda, eran peregrinos, tenía todas las señas de identidad (a la larga, serían Miguel de Madrid y Carlos de Córdoba) ocupé una mesa y comí, alargué la sobremesa y regresé al albergue, para descansar un rato, al llegar me di cuenta, que habían dos camas más cogidas, el poco llegaron sus ocupantes, saludándome se presentaron, eran Fran de Madrid, y Javi también de Madrid, fue nuestro primer contacto.

Al día siguiente Villandagos-Astorga, como siempre temprano y disfrutando del camino de sus gentes y de la belleza de los pueblos intermedios, es noche me quedé en el albergue San Javier, luego me di cuenta, que era perfecto, para salir al día siguiente. Astorga mucho, pero mucho que ver, pero muy poco tiempo. Fue al día siguiente en la etapa Astorga- Rabanal del Camino, cuando volví a contactar con Fran y Javi, los peregrinos de Madrid, a ellos también se les había unido Miguel y Carlos, habíamos coincidido en el albergue el Pilar, después de los saludos y presentaciones, nos invitamos mutuamente a comer, ya que la hora era propicia para ello, después de una sobremesa, larga, larga, larga, a su término, era como si nos conociéramos de toda la vida. Decidimos movernos un poco y nos fuimos a misa, y a escuchar,los cantos, de los monjes benedictinos del convento de éste lugar.

Después de la cena, en el mismo albergue, tomándonos unas copas, vimos a una peregrina, sola, que ocupaba una mesa, la invitamos a que se uniera nuestra mesa, las típicas presentaciones, ella era Luisa de Burgos, pero que trabajaba en Oviedo,. Nos confesó que nos llevaba casi toda la mañana y parte de la tarde noche, oyéndonos, y que ella sola, se mondaba de la risa, con las cosas y ocurrencias nuestras, total, que después de media docena de orujos, ya habíamos quedado para salir juntos a la mañana siguiente. Nos levantamos temprano, desayuno en el albergue y salida para Molinaseca, final de nuestra etapa de hoy, durante el camino, el grupo se fue abriendo aún más, cuando llegamos al fina de la etapa, ya sabíamos un poco más de cada uno de nosotros, nos quedamos en el Albergue Municipal de Molinaseca, recuerdo que en el segundo piso, donde están los dormitorios, había como una especie de tarima, allí tendimos nuestros sacos y fue la cama de los 6 por aquella noche. Esa tarde refrescando los pies en una especie de acequia y tomándonos unas cervezas, pues empezamos a preguntarnos, el porqué hacíamos el camino. Unos, porque le habían hablado, otros que llevaban tiempo intentando hacerlo, yo, porque mi sueño era el volver. Cuando llegó a Miguel, él comentó que venía al Camino tomo terapia, se lo había recomendado su psicólogo, él había perdido a su mujer,en aquel fatídico día, en los atentados del 11 de Marzo, que venía al camino, para ver si le encontraba sentido a la vida. Cuando él termino, nos nuestras miradas eran de total incredulidad, el silencio era abrumador, joder que fuerte era aquello, de nuestras bocas no salía nada, no podíamos articular absolutamente nada. Él fue quien rompió el silencio, pero... lo que si, nos quedó claro que aquella confesión nos había creado un vínculo de amistad para siempre (como así, ha sido). El resto de las etapas hasta Santiago, fue inolvidable en todos los aspectos, se había creado una bonita y duradera amistad.

La llegada a la Plaza del Obradoiro, siempre es muy emotiva, aquella vez lo fue aún más, abrazados como una piña reíamos y llorábamos la emoción,nos embargaba.

Actualmente seguimos manteniéndo el contacto, nos seguimos viendo

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