Saltar el menú de navegación e ir al contenido

  • Bienvenido (ES) | Ongi etorri (euskarazko bertsioa) | Benvingut (versió en català) | Benvido (versión en galego)
  • Bienvenido (ES)
  • Boletines
    •  | Baja  | Más opciones |
  • Portadas anteriores

EROSKI CONSUMER, el diario del consumidor

Buscador

logotipo de fundación

Canales de EROSKI CONSUMER


Estás en la siguiente localización: Portada > Viajes > Camino de Santiago

Λ

Y el Camino llegó a mí

El sol brillaba con fuerza sobre la Plaza del Obradoiro. Mi condición de abogado me había llevado hasta los juzgados de La Coruña. El pleito había sido temprano y tenía el resto del día libre. Camino al hotel recordaba haber estado en Santiago de Compostela cuando era muy pequeño con mis padres y mis abuelos. Hacía más de veinte años de aquello y mientras me embargaban los retazos de memoria el destino me hizo pasar por delante de la Estación de Autobuses. El corazón me dio un brinco y sin pensarlo más y empujado por nostálgicos anhelos compré un billete con destino a Santiago. Recordaba con afecto el Pórtico de la Gloria, allí donde siendo niño pegué con la frente tres coscorrones en el conocido parteluz. Habían transcurrido varios lustros pero aquel día en La Coruña mis recuerdos despertaron en mí la misma ilusión que tuve en aquella recordada infancia por llegar a la ciudad llamada "Campo de estrellas".

Y allí estaba viendo el cielo azul sobre la monumental fachada de la Catedral. Nunca imaginé que asuntos de trabajo me llevarían a la compostelana ciudad y, sin embargo, allí me encontraba con traje y corbata rodeado de cansados peregrinos que se dirigían a hacer cola en la Plaza de Quintana para abrazar al Santo Patrón de las Españas. Era Mayo de 2010. Año Xacobeo. Ese año la festividad de Santiago lucía en rojo en el calendario: 25 de Julio, Domingo. Decidí realizar la visita a la Catedral y el abrazo al busto del Apóstol entrando por la misma puerta que los peregrinos.

Me mezclé con ellos y conforme la fila avanzaba escuché sus vivencias del Camino. Con que alegría comentaban las etapas y las amistades que habían hecho. Hablaban de lo atrás que quedaba Saint Jean pied de Port y Roncesvalles. Y de Pamplona y Logroño unidas por preciosos pueblecitos. Y de las viandas burgalesas y las cecinas de León. Y del cocido maragato y el pulpo de Melide. Y de este albergue y de aquella hospitalera. Y de la bajada al Acebo y la subida a O Cebreiro. Y de mil cosas más que te invitan, sin tu saberlo, a querer ser peregrino. Y los ojos les brillaban de una manera especial: miradas por donde habla el corazón sin que se tercien palabras. En mi interior la envidia sana crecía.

Mi silueta de letrado en ejercicio con traje azul marino de raya diplomática contrastaba entre los cientos de peregrinos y sus inconfundibles atuendos: desgastadas camisetas, riñoneras y pantalones cortos o desmontables. Algunos mostraban orgullosos su credencial repleta de sellos y su recién obtenida compostela. Observé como mis zapatos ocultaban mis pies sin cansancio frente a aquella colección de botas de trecking y chanclas que dejaban ver ampollas y heridas fruto del caminar decenas de kilómetros al día. Pero todos ellos estaban radiantes. Sus peregrinas almas irradiaban la felicidad que emana de la recompensa obtenida tras el esfuerzo. Se merecían abrazar al Santo.

¿Y yo? Yo había llegado en avión a La Coruña y en autobús a Compostela. No había caminado cientos de kilómetros como ellos. No conocía a nadie entre aquellas gentes y no brotaban de ni mí ni hacia mí cálidos saludos y abrazos como los que yo presenciaba entre ellos. Yo no era peregrino. Quizás no era justo que yo obtuviera el mismo premio sin haberme esforzado, máxime cuando ellos estaban ahí por su voluntad propia y yo por fruto del azar y la casualidad... Bendita casualidad aquella que me haría uno de los regalos más preciados en la vida: conocer y amar la Ruta Jacobea.

Entre tanto la fila iba atravesando la Plaza e internándose en el templo catedralicio llegó mi momento de abrazar al Santo. En mi cabeza retumbaba: "Sé justo y noble. No deberías hacerlo hasta que no seas peregrino y lo merezcas de verdad. Tu abrazo será distinto, no será igual que el de cualquiera de ellos". Y en el preciso instante que expandía mis dos brazos abiertos para abrazar a Santiago, sentí una extraña fuerza interior, recordé a mi fallecido abuelo cuando me llevó allí, a mis padres, a mi hermana, a las personas que ya no están, a las que están por venir y a lo magnífico del ciclo de la vida y del disfrutar esta oportunidad. Era una llamada a unirme a ellos, a los peregrinos. Quería conocer Roncesvalles y cruzar Puente la Reina, quería llegar andando al mismo centro de León, quería coronar la Cruz de Ferro, quería bañarme en Ribadiso... En ese momento supe que haría el Camino.

En un acto reflejo ya acercándome inclinado al busto del Apóstol para darle el abrazo retiré uno de mis brazos. Una peregrina me indicó que debía abrazar con los dos brazos y le respondí con una sonrisa a la vez que negaba con un gesto. Abracé a Santiago sólo con el brazo derecho mientras le susurraba al oído la promesa de que algún día volvería caminando y completaría ese abrazo. Acto seguido salí de la Catedral y con el espíritu renovado por algo que no sé explicar adquirí la que sería mi primera credencial.

En Septiembre de ese mismo año volví a Compostela. Esta vez caminando y por voluntad y no por trabajo o azar. Llegué a la Catedral y pasé por la misma puerta que en el mes de Mayo. Sin contener las lágrimas abracé a Santiago. Pero sólo con el brazo izquierdo. La promesa estaba cumplida.

Así llegué yo al Camino. Y el Camino llegó a mí.

El Camino de SantiagoGuía práctica

Camino de San Salvador
Actualizada la App de Camino de Santiago

Otros servicios

Ver la Guía práctica del Camino de Santiago en:


Buscar en

Información de Copyright y aviso legal

Visita nuestro canal Eroski Consumer TV

En EROSKI CONSUMER nos tomamos muy en serio la privacidad de tus datos, aviso legal. © Fundación EROSKI

Fundación EROSKI

Validaciones de esta página

  • : Conformidad con el Nivel Triple-A, de las Directrices de Accesibilidad para el Contenido Web 1.0 del W3C-WAI
  • XHTML: Validación del W3C indicando que este documento es XHTML 1.1 correcto
  • CSS: Validación del W3C indicando que este documento usa CSS de forma correcta
  • RSS: Validación de feedvalidator.org indicando que nuestros titulares RSS tienen un formato correcto