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Mi experiencia en el Camino de Santiago de Compostela

30 Agosto 2014

San José, Costa Rica

Mi experiencia en el Camino de Santiago de Compostela

Me encontraba en un momento crucial de la vida. Decidí ausentarme de mi hogar por un tiempo, por unos tres meses, para dejar despejar la neblina por sí misma. Me fui por tres meses a Europa y el último mes para hacer un camino.

Me quedé una semana en París disfrutando la belleza de esa ciudad que se extiende como el musgo sobre las rocas, con su única torre. En preparación para la caminata, recorría la ciudad a pie dirigiéndome por las altas torres de las iglesias que parecían de encaje. Una vez llegué a una alta torre que resultó no ser una iglesia, era un monumento en agradecimiento a la iglesia de Compostela por su apoyo para la defensa de Francia durante la segunda guerra mundial. Al pie de este monumento, los peregrinos iniciaban su caminata. Resultó una gran sorpresa ya que me alojaba a tan solo tres calles del lugar.

En medio de mi incertidumbre, esta semana en Paríis llegan a mi tres sueños como una invitación firme. Una noche soñé que llegaba una paloma blanca desde España. En su pico traía con un gran aro y una campanita. Para mi sorpresa, hizo un giro abrupto a mano izquierda hacia el mar, como señalando al camino, justo al llegar a la altura de los Pirineos.

La segunda noche tengo otro sueño, una acuarela, un pueblito de España, en medio un caminito de piedras que subía la colina. Estoy consciente en mi sueño y pienso: ?una acuarela sin vida.? De repente viene, como si fuera un carrusel, de derecha a izquierda, cortando el camino en una diagonal descendente, una banca. En la banca, sentados, había una decena de monjes, todos con hábitos y capuchas color marrón, a excepción del segundo monje del fondo, quien vestía una hábito celeste grisáseo. El más cercano a mí, era un venerable anciano de cabello totalmente blanco, en su mano derecha un cetro dorado más alto que un bastón normal , que terminaba en una especie de esfera alargada.

- TODOS VIVOS -

Mientras el fondo permanecía estático de acuarela.

Al tercer día tengo otro sueño, un ying yang hecho con dos perritos peludos, uno amarillo y el otro negro con orejas largas. De ojos alegres y lengua afuera, me observaban casi sonriéndome. Yo les observaba el movimiento de sus pelos en un ondular cariñoso que sentí era de invitación.

Interpreto los sueños por su clara definición de movimiento como una orden: muévete sin pensar mucho. Al día siguiente salgo a San Sebastián, de ahí a Pamplona. Mis anfitriones en Pamplona deciden que era mejor empezar a caminar desde el puente la Reina, la cual se encuentra muy cerca de Pamplona, por mi disponiblidad de tiempo.

Al día siguiente doy inicio a la caminata, con una mochila Jansport que perteneció a mi hijo durante todos sus años de colegio. En una mano mi bolsa de dormir, en la otra un bolsa con algunos refrigerios, que representaba toda mi alacena. Sin ninguna forma de comunicarme o folleto o mapa que me guiara inicio mi caminata. Al día siguiente de mi partida inició una temporada de lluvias que tardó tres días, e inundó la parte baja de Pamplona. La delgada capa que me protegía de la lluvia se rompió, obligándome a acelerar el paso y haciéndome caminar más de 40 kilómetros al día hasta que concluyó la temporada de lluvias.

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El 26 de junio llego finalmente a Santiago, fecha en que mi hijo cumplía 26 años. Una ciudad generosa, que pareciera que absorbe y ayuda a todos los que lleguen con fe de la bondad de la ciudad. La catedral de esa ciudad, la cual me daba sensación de que al anochecer pareciera estar suspendida en el aire o en el tiempo.

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Regreso a Pamplona, encuentro cambiado el inicio de la fecha de la cosecha. Decido hacer el tramo faltante desde Roncesvalles a Puente la Reina.

El último día de la caminata me doy cuenta que vamos a pasar a dos kilómetros de EUNATE.

Apenas entrando, inmediatamente tengo una sensación de que estaré ahí por mucho tiempo, al sentir esto me cubrí los hombros con mi capa llena de urgencia. No duré un solo minuto despierta, el lugar me arrulló. En EUNATE la de cien puertas he tenido una de las experiencias más importantes de este camino. En Lourdes, el último día de mi viaje tuve otro sueño; en el sueño los mismos monjes del inicio de mi viaje en París iban subiendo una montaña muy triangulosa muy marcada.

¿Será la despedida o me están indicando el siguiente paso?

Después del camino de Santiago mi vida dio un giro total y para mejor. El camino es un regalo del cielo. Cada uno de nosotros deberíamos poner un propósito por lo menos una vez en la vida, hacer uno con el camino, desprender de la cotidianidad y acercarse a la conciencia divina.

Autora: Sara Lombodorzh. Nacida en Mongolia, reside en Costa Rica desde 1987. No sé si soy la primera persona de origen mongolés en hacer este misterioso camino.

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