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El Camino tiene algo especial

EL CAMINO TIENE ?ALGO? ESPECIAL

Recientemente he finalizado mi quinto Camino de Santiago, el del Norte. En contra de lo que mucha gente pueda pensar, ha sido, una vez más, una experiencia inolvidable. Muchos de los que inician la andadura, lo hacen por deporte o turismo, pero aunque inicialmente no exista una motivación religiosa o espiritual, a nadie deja indiferente, siempre surge un sentimiento en tu interior que casi nadie sabe explicar. Si no eres creyente no se puede hablar de conversión, pero sí de transformación.

Cada vez que inicio un Camino de Santiago lo hago sin acordarme de lo mucho que he renegado en el anterior, pero no lo puedo evitar. No sé qué es lo que el Camino produce en nuestro interior, para que cambiemos la comodidad de nuestras vidas en familia, por las incomodidades que representa el Camino. Dejamos el cobijo de nuestro hogar para correr en búsqueda de un colchón donde poder descansar, un colchón que ha acogido a muchísimos peregrinos anteriormente y al que en nuestra vida cotidiana pondríamos todo tipo de reparos, sin embargo, lo aceptamos con alborozo cuando llegamos al albergue y vemos que hay alguno disponible para permitirnos el descanso con el que ya, al final de la etapa, vamos soñando.

Las inclemencias del tiempo, que en nuestra vida normal nos condicionan incluso para salir de casa, no suponen impedimento alguno para echarnos al camino, protegidos por el chubasquero o la capa, a sabiendas de que nada de lo que nos pongamos para protegernos de la lluvia, va a evitar que acabemos completamente empapados.

Esto, que a primera vista resulta inexplicable, debe de encerrar ?algo?, considerando los muchos locos que no dudamos en aceptar durante un tiempo, lo que, en apariencia, no son más que privaciones, molestias, esfuerzos y sinsabores, un ?algo? que sobrepasa, sobradamente, todas las dificultades con las que sabes que te vas a encontrar. Ese ?algo? es el Espíritu del Camino y está en la confraternización durante los descansos, en compartir, en ayudar, en escuchar, en comprender. Es agradecer y no exigir, porque en el Camino la mayor parte de las ayudas las recibes de forma desinteresada. Está en los hospitaleros, que consagran días de sus vacaciones, de forma desinteresada, a hacer más llevadero el esfuerzo físico, y con frecuencia emocional, de los peregrinos. Está en la satisfacción de llegar a tu destino habiendo dejado atrás todos los sufrimientos con los que te has ido encontrando y habiendo incorporado a tu existencia una serie de vivencias, únicas, irrepetibles y siempre positivas, que vas a tener presentes el resto de tu vida.

El Camino del Norte es duro y alcanzar la meta supone esfuerzo y sacrificio, pero cuando desembocas en la Plaza del Obradoiro y te ves rodeado de tanta grandeza, se olvidan todas las penalidades pasadas. Fijas tus ojos en la Catedral, que te contempla, imponente y a la vez acogedora, y te sientes insignificante ante tanta majestuosidad, y al mismo tiempo importante por el reto superado. Te fundes en un abrazo con tus compañeros de Camino, la emotividad hace que se te forme un nudo en la garganta, un nudo que no te deja articular palabra alguna, un nudo que tiene por consecuencia que las lágrimas afloren a tus ojos, lágrimas de alegría, de emoción, de agradecimiento.

Cada vez que finalizo un Camino me invade la satisfacción y la pena de haberlo concluido. Es la sensación que se tiene, sentimientos contrapuestos. Las ganas de volver a la normalidad tiran de ti, pero las sensaciones y vivencias experimentadas a lo largo del Camino, hacen que la pena de acabar te acompañe hasta tiempo después de haber regresado a tus quehaceres cotidianos.

La vida es un gigantesco escenario en el que todos actuamos y, con mucha frecuencia, el papel que nos toca interpretar no es el que nos gustaría. A lo largo del Camino tenemos un encuentro continuo con alguien a quien no siempre conocemos en profundidad: nosotros mismos. En el Camino te adentras en lo más profundo de tu ser, te muestras como eres, te encuentras a gusto contigo mismo, te da tiempo a pensar, a disfrutar de lo que te rodea, sin que te sientas condicionado por nada ni por nadie. El Camino es algo que haces por ti y para ti. Eres tú, tu entorno, tu tiempo, tu pensamiento, tu reflexión, tu esfuerzo, tu sufrimiento y tu satisfacción, en resumen... TU CAMINO.

José L. Merino

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