Saltar el menú de navegación e ir al contenido

  • Bienvenido (ES) | Ongi etorri (euskarazko bertsioa) | Benvingut (versió en català) | Benvido (versión en galego)
  • Bienvenido (ES)
  • Boletines
    •  | Baja  | Más opciones |
  • Portadas anteriores

EROSKI CONSUMER, el diario del consumidor

Buscador

logotipo de fundación

Canales de EROSKI CONSUMER


Estás en la siguiente localización: Portada > Viajes > Camino de Santiago

Λ

Grañón y la quinta hora

Cuando has compartido momentos intensos con otras personas y se van, te sientes un poco perdido y triste.

Sin duda el Camino es un buen lugar para practicar el desapego.

Tan desolado estaba, que se me pasó por la cabeza volverme a casa. Pero el Camino te pone en distintas situaciones para que aprendas: la lección era sin duda que, a pesar de todo, hay que seguir caminando.

SITUACIÓN DE APRENDIZAJE: En la vida hay muchas ocasiones en que te sientes triste y desanimado por la pérdida de personas, por situaciones difíciles y, sin embargo, hay que seguir y tirar para adelante.

Así que me levanté pronto y me eché con ilusión y entusiasmo en brazos del Camino; me dirigía ni más ni menos que a Grañón, un sitio emblemático del que había escuchado maravillas.

Y llegué a Grañón. Entré en aquel albergue tan especial, en la torre de la iglesia, y sentí paz. Y el Camino, por no rendirme, me hizo un regalo maravilloso: un día perfecto en Grañón.

Grañón es mágico. Entrar en su albergue, encontrarte con hospitaleros llenos de cariño, sentir que estás en un sitio especial, relajarte y sentirte bien, es lo más sencillo del mundo. No necesitas hacer nada especial porque todo fluye allí de forma natural.

Un matrimonio de hospitaleros muy amables me ofrecieron lo que allí había. Me sentí mejor que en mi casa. En la comida coincidí con dos personas: Adela y Romy. Conectamos. Compartimos comidas y confidencias. Y risas. Después bajamos al jardín y, reposadamente, seguimos charlando.

En la hora de la siesta, mis nuevas amigas se fueron a descansar y yo me quedé dando vueltas y buscando algo, no sabía el qué. Enseguida me llamó la atención un señor mayor que, encorvado sobre la mesa del salón solitario, escribía con afán en un cuadernillo. Sin dudarlo me acerqué y le saludé. Levantó su mirada y entonces fue cuando vi el brillo de sus ojos y su alegría. Dejó el bolígrafo y comenzó a hablar conmigo; pronto la conversación se hizo fluida y nos contamos nuestras historias. A mi pregunta de que por qué estaba haciendo el Camino me contó su historia:

?Me llamo Roberto, tengo 75 años y soy de Uruguay. Un día calló en mis manos una revista que hablaba del Camino de Santiago. En aquel momento me dije:

-Antes de que me muera tengo que hacer ese Camino.

Poco a poco fui dando pasos para poder cumplir mi ilusión: ahorrar el dinero, decírselo a mis familiares (y convencerlos, que fue lo más difícil), preparar la mochila, comprar los pasajes... un buen día me vi en el aeropuerto de Madrid Barajas, en medio de una multitud de gente, solo y, de alguna manera, perdido. ¿Qué hacer ahora? ¿Cómo seguir? ¿Cómo podría llegar a Roncesvalles? Entonces el Camino, que siempre echa una mano cuando alguien lo necesita (ahora lo sé), me mandó un ángel en forma de mujer. Se me acercó y me preguntó que a dónde iba. Le expliqué mi situación y la mujer me dijo:

-Pues venga conmigo que voy para Pamplona.

Y con ella me fui. Y, a partir de ese momento mágico todo fue rodado: cada vez que algo me pasaba (como el día que se me rompió la mochila y apareció una peregrina brasileña que me la cosió) aparecía alguien que me ayudaba. Así que aquí estoy, en Grañón ya, dispuesto a llegar a Santiago (?siempre si Dios quiere, claro?), feliz y dichoso.

-Es lo mejor que me ha pasado a lo largo de mi vida- me dijo emocionado.-Y, si puedo, y Dios me da salud, lo volveré a repetir?.

Fue entonces cuando me contó su descubrimiento; el lo llamó ?La quinta hora?:

- ?Verás, me dijo, he descubierto algo que, para mi, en estos momentos, es fundamental: Empiezo a caminar cada día con ilusión; suelo tardar cinco horas en hacer mi recorrido. Cuando llega la quinta hora estoy muy cansado; me duele todo, siento que no voy a poder seguir caminando, me duelen las ampollas, la espalda... y, sin embargo, a pesar de ese dolor, de mis limitaciones, sigo caminando, y sigo encontrando gente maravillosa, y paisajes preciosos y, cuando por fin llego a mi meta, me siento el hombre más feliz del mundo.

He descubierto que la vejez es como la quinta hora del Camino: se que a pesar de mis achaques, de mi deterioro, de mis dolores, yo puedo seguir viviendo, y quiero seguir disfrutando de todo lo que la vida aun me depare. Mi quinta hora de la vida puede ser maravillosa y quiero llegar a mi meta final con dignidad, sabiendo que lo he intentado.

Aquel día en Grañón aprendí una bonita lección; cuando llegue, quiero que mi quinta hora sea como la de Roberto: seguir caminando con ilusión hasta el final.

El Camino de SantiagoGuía práctica

Camino de San Salvador
Actualizada la App de Camino de Santiago

Otros servicios

Ver la Guía práctica del Camino de Santiago en:


Buscar en

Información de Copyright y aviso legal

Visita nuestro canal Eroski Consumer TV

En EROSKI CONSUMER nos tomamos muy en serio la privacidad de tus datos, aviso legal. © Fundación EROSKI

Fundación EROSKI

Validaciones de esta página

  • : Conformidad con el Nivel Triple-A, de las Directrices de Accesibilidad para el Contenido Web 1.0 del W3C-WAI
  • XHTML: Validación del W3C indicando que este documento es XHTML 1.1 correcto
  • CSS: Validación del W3C indicando que este documento usa CSS de forma correcta
  • RSS: Validación de feedvalidator.org indicando que nuestros titulares RSS tienen un formato correcto