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La sexta década de mi vida y el Camino

Era la sexta década de mi vida y quise hacer algo grandioso, diferente, era, el camino francés a Santiago de Compostela, lo conocí a través de la película El Camino, quedó rondando en mi mente, se fue adueñando de mi pensamiento hasta que inició la investigación y la decisión.

Quiero expresar mis sensaciones, mis emociones, mis motivaciones, en general mis vivencias durante cuarenta días en el recorrido del camino francés a Santiago de Compostela, camino que inicia en Saint Jean Pie de Port, un pequeño pueblo, en el sur de Francia, desde lo alto se podía apreciar una parte del pueblo, las casas parecían dibujadas sobre un lienzo verde y era afortunada contemplándolo, podía ver sus estrechas calles, sus pintorescas casas, el puente, la carretera que al mismo tiempo, alejaba y acercaba a descubrir más lienzos, lo podía contemplar completo, era una obra de arte terminada aunque vivía y latía al compás de los pasos de los peregrinos alejándose, conmovidos de su inimaginable belleza y simpleza.

Fui porque me atraía el misterio del recorrido, me sedujo el desafío, ¿sería yo capaz de hacerlo? ¿Con sólo 60 años recién cumplidos?, esta idea inundó mi mente, investigué, me enfrenté a mi misma para conocer mis debilidades y mis fortalezas, nunca antes había viajado con mochila ni había dormido en albergues menos aún compartir el baño con decenas de personas, me preguntaba si ¿34 días que necesitaba para el recorrido era demasiado?, ¿aparecería alguna enfermedad?, ¿sentiría algún dolor?, ¿sufriría algún tipo de accidente?, algunas personas habían tenido lesiones físicas que lamentar y que les obligó a regresar o a no hacerlo nunca más, ¿estaba físicamente lista para enfrentar este esfuerzo físico?, ¿ir sola era buena idea?, ¿Debía tener un conocimiento más detallado del recorrido, de los riesgos e incluso de la seguridad?. Las preguntas y los temas a solventar se convirtieron en el famoso reto.

Esta aventura me desafiaba a cambiar todo mi estilo de vida, a salir de mi espacio confortable, de mi vida cómoda y sin riesgos, vida un tanto en línea recta, como yo la llamo, segura pero aburrida, sin desafíos durante los últimos cuatro años, desafíos necesarios en mí propio camino para hacer cada día un momento interesante, agotar toda mi energía y sentir la satisfacción de haberlo hecho muy bien.

Debía tomar las vacaciones acumuladas durante los últimos veinte años quería mi propio espacio, sin responsabilidades externas, mi pensamiento enfocado en mi yo interno para descubrirme en esta aventura, saber de que soy capaz, contestar todas las inquietudes planteadas pre decisión, adquirir un poco de sabiduría, serenidad, paciencia, tolerancia, perseverancia. Y para disfrutar de mi compañía.

Desde el entrenamiento tenía serias dificultades en el ascenso, me costaba mucho, no sé explicar lo que pasaba, no estaba exhausta, solo era que mis piernas no avanzaban y me cansaba pero me decía, bueno, aquí estoy a 2.800 metros, en el camino estaré máximo a 1450 metros así que no hay problema, allá será más fácil, pero cuan equivocada estaba, todas las cuestas fueron terribles, me costó tanto esfuerzo, las veía enormes y antes de iniciar la caminata ya pensaba en la pendiente de subida, que absurdo, hasta que me propuse no pensar en lo que tenía que ascender sino en lo que el camino me ofrecía ese día. En las cuestas caminaba despacio, sin forzar las piernas, con este cuidado, nunca experimenté ningún dolor.

Emocionalmente equilibrada, tranquila, serena, aceptando todo lo que tenía, para descansar y dormir, para comer y para vestirme, fue tan relajante el no tener que escoger cada día lo que debía usar, no sentí ni frío ni calor, mi ropa extraordinaria me permitía caminar bajo el sol o bajo la lluvia pertinaz o esporádica, sin ninguna molestia, no me preocupaba como lucía, me sentía feliz en mi piel.

He aprendido a escuchar me tomó toda una etapa descubrirlo al caminar con una persona muy bulliciosa, no descansó ni un segundo de hablar, yo, solo escuchaba, caminaba, esto lo sigo manteniendo. También a ser tolerante, paciente, humilde y a compartir.

Actuar con sabiduría y serenidad eran metas a conseguir mientras recorría el camino, poco a poco se tiene que arraigar en mi para actuar de la misma manera en el camino de mi vida.

Me despojé de mi orgullo, de mi prepotencia, en esos enormes parajes, sola, me sentía pequeñita, frágil en la inmensidad, sentí lo que es necesitar a alguien, quería saber que no me encontraba sola, que había alguien para decirme ?buen camino? y en mi vida para decirme ?todo va a estar bien?, que buena lección aprendí.

El camino hasta Sarria fue misterioso, solitario, caminaba en piadoso silencio, todo estaba en calma, los peregrinos inmersos en sus propios pensamientos, en su esfuerzo, sus decisiones, en sus nuevos propósitos al volver al hogar. Esto fue súbitamente arrebatado por los nuevos peregrinos que se sumaban desde este punto, buses llenos de chicos de colegios que descendían y emprendían el camino inundándose de ruido ensordecedor, de presencia, de desorden, sentía que invadían mi propio silencio después de 30 días, pero mi tolerancia me hacía sonreír al ver que rostros frescos, descansados iniciaban su etapa de camino para conseguir la Compostela en Santiago.

Llegar a Ecuador, mi hogar sentí más intensamente el sentido de pertenencia, que agradable regresar y saber que soy una más de los ecuatorianos, pero que llegó sola y caminando a SANTIAGO DE COMPOSTELA y a FINISTERRE. Gracias al hermoso CAMINO FRANCÉS.

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