Saltar el menú de navegación e ir al contenido

  • Bienvenido (ES) | Ongi etorri (euskarazko bertsioa) | Benvingut (versió en català) | Benvido (versión en galego)
  • Bienvenido (ES)
  • Boletines
    •  | Baja  | Más opciones |
  • Portadas anteriores

EROSKI CONSUMER, el diario del consumidor

Buscador

logotipo de fundación

Canales de EROSKI CONSUMER


Estás en la siguiente localización: Portada > Viajes > Camino de Santiago

Λ

Vivencias del Camino

Todo comenzó hace más de veinte años. Hoy en día, basta con decir “voy a hacer el Camino”, y todo el mundo sabe a qué te refieres; por aquel entonces, pocos sabían lo que suponía hacer el Camino de Santiago. No existía internet y la única información era la podías encontrar en las escasas guías que se encontraban en librerías.

Una tarde vino mi cuñado, me propuso hacer el Camino y me embarqué en la aventura, junto con mi hijo y mi hermana, sin saber dónde me estaba metiendo.

Recuerdo la sensación al llegar, al atardecer, a la Real Colegiata de Roncesvalles y asistir, antes de la partida, a la misa cantada en latín que nos ofrecieron en la Iglesia de Santa María; el olor a incienso invadiendo mis sentidos y transportándome a otra época, donde otros peregrinos, menos afortunados que nosotros, asistían a la misma ceremonia antes de emprender un largo camino lleno de penurias y peligros.

Fueron sólo tres intensas jornadas ya que mis rodillas, poco acostumbradas a esos menesteres, no resistieron tantos kilómetros y tuve que abandonar. Aun así, fue tan positiva la experiencia que, dos décadas después, cuando volvió a surgir la oportunidad, no dudé en retomar lo que había dejado incompleto. Volver a sentir la soledad y, a la vez, camaradería del Camino. Porque, aun yendo en compañía, te sientes en armonía contigo mismo; eres tú, tus pensamientos y sensaciones descubriendo un mundo que poco tiene que ver con el que habitas en tu vida cotidiana. Al mismo tiempo que vas cruzándote con otros peregrinos con los que compartes, como mínimo un “Buen camino”, cuando no unas viandas o unos minutos de reposo junto a alguna fuente.

De aquella primera vez, quedan para el recuerdo los bosques y arroyos que nos acompañaban; esa vaca que me dejó completamente paralizada al aparecer ante mí cuando, sentada en una roca, me disponía a retirar una piedrecita de la zapatilla; la llegada a Zubiri, completamente empapados, donde habían unas literas habilitadas en el gimnasio del pueblo; la bajada del Alto del Perdón, corriendo, con bolsas de basura en la cabeza protegiéndonos de la lluvia y el grupo de ciclistas que, no sé cómo y bicicleta al hombro, nos adelantaron en tan ingrato descenso.

Y sus gentes. El tabernero que nos abrió a deshora para que pudiéramos tomar algo porque estábamos extenuados; el alcalde de Larrasoaña que me facilitó una rodillera para paliar mi dolor y que se prestó a fotografiarse con nosotros; la pareja de franceses con los que nos íbamos cruzando y acabamos intercambiando experiencias; el belga que hacía el recorrido con una especie de larga bicicleta en la que iba casi acostado...

Y la sensación de fracaso al tener que volverme desde Puente la Reina.

Ahora, con las nuevas tecnologías, todo parece más a nuestro alcance y estando de tertulia, una amiga comentó que quería hacer el Camino. Al oír la palabra mágica, comenté mi experiencia fallida y que quería completarla, nos pusimos de acuerdo y nos dispusimos a organizarlo.

¡Esta vez tenía que llegar! Quería saber qué se siente al entrar en la plaza del Obradoiro, cargada con la mochila, después de varios días de andadura. Así pues, decidimos hacer los últimos cien kilómetros del Camino Portugués. ¡Casi me aseguraba el éxito!

Una mañana de julio de hace dos años, salimos desde Valencia rumbo a Tui, nuestro punto de partida.

Y empezamos la primera etapa. Justo al lado del Parador, encontramos el primer mojón, señalando los 115 km que nos separaban de nuestra meta, preludio de tantos otros que iríamos encontrando y nos animaban a seguir al ver que iba reduciéndose la distancia.

O Porriño, ¡qué largos se hicieron los últimos tres kilómetros! ¡Cómo me aplastaba la mochila! ¡Hasta el punto que creí desfallecer! ¡Pensé que sería imposible alcanzar mi meta! ¡Y sólo era el primer día! ¿Cómo iba a poder resistir hasta el final? Pero, ¡sí! ¡Lo logré! No al segundo, pero sí al tercer día, la mochila formaba parte de mí y ya no notaba tanto su peso. Empecé a disfrutar del Camino; de sus silencios; de las pausas para renovar fuerzas; del “Bom caminho” que escuchábamos continuamente; de la vida que nos encontrábamos al paso; esa mujer que, vara en mano, llevaba su rebaño de ovejas a pastar; ese hombre que, con la cara protegida por una máscara, desbrozaba los helechos del bosque; del juego de luces del sol entre las hojas de los árboles; de los pájaros que nos saludaban. ¡Feria de sensaciones!

Etapa tras etapa, llegamos a lo alto del Monte do Gozo. Nuestros ávidos ojos escrutaron la lejanía adivinando la Catedral. La teníamos a la vista. Sólo faltaba apurar los últimos kilómetros. Y así lo hicimos. Entramos en la gran plaza exhaustas, pero contentas. Sin dejar de admirar, a través de lágrimas de emoción, la imponente Catedral. Dejamos las mochilas en el suelo y, sirviéndonos de almohadas, nos tumbamos sobre ellas para contemplar, desde esa posición, el resto de peregrinos que, poco a poco, iban llenándolo todo de alegría.

Era momento de interiorizar todo cuanto surgía ante nuestras miradas. De olvidar la dureza del Camino para saborear mejor esos instantes.

No sé si algún día tendré la dicha de volver a entrar en esa plaza, pero sí sé que el Camino ya forma parte de mi vida y espero con ansia el año siguiente para volver a recorrer esas tierras que han marcado de manera tan profunda mi vida.

Bom caminho a todos os peregrinos.

El Camino de SantiagoGuía práctica

Camino de San Salvador
Actualizada la App de Camino de Santiago

Otros servicios

Ver la Guía práctica del Camino de Santiago en:


Buscar en

Información de Copyright y aviso legal

Visita nuestro canal Eroski Consumer TV

En EROSKI CONSUMER nos tomamos muy en serio la privacidad de tus datos, aviso legal. © Fundación EROSKI

Fundación EROSKI

Validaciones de esta página

  • : Conformidad con el Nivel Triple-A, de las Directrices de Accesibilidad para el Contenido Web 1.0 del W3C-WAI
  • XHTML: Validación del W3C indicando que este documento es XHTML 1.1 correcto
  • CSS: Validación del W3C indicando que este documento usa CSS de forma correcta
  • RSS: Validación de feedvalidator.org indicando que nuestros titulares RSS tienen un formato correcto