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Una experiencia inolvidable

Mi ignorancia sobre el camino de Santiago me había hecho creer que era una ruta de peregrinos religiosos, siendo mi propósito el pasar unas vacaciones de "otra manera".

Yo escuchaba hablar sobre el camino, y se me hacía algo imposible de realizar por mi, lo veía como algo que solo podían hacerlo algunos "locos" y yo no podía pensar, ni siquiera se me pasó ligeramente por la cabeza. En una ocasión hablando con un compañero de trabajo, me propuso hacer el camino y poco a poco fue madurando la idea. Cuando ya nos decidimos afrontar el reto, empezamos nuestros entrenamientos.

Al comienzo me conformaba con hacer 5 kilómetros (ahora me río) y llegaba a casa exhausto, luego ya eran 8 kilómetros, después fueron 10, 12, 15, 20, en fin que cuando ya pude hacer 25 kilómetros, no me lo creía, estaba orgullosísimo de mi mismo.

Solo entrenábamos un día a la semana, normalmente los sábados, después tuvimos que pensar en entrenar más días entre semana para ir acostumbrando al cuerpo a lo que después tendría que venir, hacer todos los días un promedio de 51 kilómetros que hacían un total de 861 kilómetros en los 17 días que iba a durar nuestra travesía.

Solo recorrimos unos 1.500 kilómetros en los entrenamientos cuando lo recomendable es hacer el triple de kilómetros de la distancia prevista.

La fantasía se hizo realidad y el 26 de junio de 1999 comenzó nuestra aventura.

La 1ª etapa fue Somport-Martes, este pueblo está fuera de la ruta pero había unos amigos a quienes queríamos visitar y nos obsequiaron con una gran comida.

A pesar que era una etapa de 57 kilómetros, fue muy cómoda porque muchos kilómetros eran en descenso al haber bajado el Somport.

Por la tarde ya no recorrimos nada más según teníamos previsto, solo montaríamos en bicicleta por las mañanas, las tardes las dedicaríamos a descansar y a hacer turismo local de la ciudad, pueblo o aldea a la que llegáramos.

Antes de salir ya habíamos reservado todos los hoteles en los que íbamos a pernoctar.

Teníamos reservas porque el peregrino de a pie tiene preferencia sobre los demás peregrinos, y nosotros no queríamos arriesgarnos a quedarnos sin una cama teniendo de esta manera asegurado el descanso ya que lo primero que hacíamos al llegar al final de nuestra etapa, era ir al hotel, ducharnos, después comíamos y hacíamos una pequeña siesta.

La siguiente etapa fue el ir de Martes a Sangüesa, está fue bastante peor, ya que al subir al Monasterio de Leyre ya nos quedamos sin fuerzas porque previamente habíamos almorzado unos huevos fritos y nos dejaron ?KO?.

Con el estómago lleno no se puede hacer ningún deporte.

Mereció la pena subir aunque solo fuera por escuchar a los monjes con sus cantos gregorianos.

El tramo de Javier a Sangüesa lo hicimos en una furgoneta de unos amigos que estos dos días habíamos llevado de apoyo.

La 3ª etapa fue de Sangüesa a Puente la Reina, ya solos, sin apoyo y desde luego que sin grandes almuerzos.

Aquí la mentalización es muy importante y ya no había vuelta atrás.

Poco a poco fuimos haciendo etapas con finales en Iranzu que está al lado de Estella, Logroño, Santo Domingo de la Calzada, Burgos, Castrojeriz, Carrión, Sahagún, León, Astorga (recuerdo su famoso cocido), Ponferrada, Vega de Valcarce, Sarria, Palas de Rei y por fin el anhelado Santiago de Compostela (cuando llegamos nos comimos una mariscada).

Yo recuerdo que temblaba cada vez que veía un descenso porque lo que vendría después era el ascenso.

Nada más terminar nuestra aventura ya pensaba en repetirla al año siguiente, fue una experiencia cultural y gastronómica fantástica e inolvidable.

La vuelta a Zaragoza la hicimos en tren nocturno desde Lugo.

De Santiago a Lugo fuimos en autobús.

Aprendes muchas cosas de ti mismo y tu capacidad de aguante y superación, aunque vayas acompañado tienes muchos momentos de soledad que te fortalecen física e psíquicamente.

Yo descubrí el arte románico y admiré los muchísimos monumentos que hay, conocimos gente de muchísimos países, yo recuerdo que había muchos brasileños.

Conoces este país un poquito más, vas viendo como cambian los paisajes, las gentes, la gastronomía. En fin, es una aventura fantástica e inolvidable.

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