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Λ

Un trozo de su corazón

Fue el año pasado. Venía de hacer un gran viaje por Africa. Cuatro días eran ya excesivos en casa sin nada que hacer. Lo decidí en el momento, volví a cargar mi mochila y me dirigí a Saint Jean de Pied de Port. Intentaría hacer el Camino completo hasta Santiago. Me junté con un matrimonio con el que hice la dura subida, y justo en la cruz del alto, pedimos a una chica que nos hiciera una foto, a lo que ella accedió con una gran sonrisa y una melosa voz, era mejicana. la dejamos atrás pero volvimos a coincidir en Roncesvalles. Desde allí andaríamos juntos hasta Villafranca del Bierzo.

Le doblaba más que su edad, y ella me tomó como su padre. Aceptaba mis consejos, que algunas veces excedían el ámbito del Camino. Cuando hablaba con sus padres a través del móvil, me hizo que nos conociéramos y siempre les saludaba. Era una chica especial. Le fui enseñando todo lo que sabía de los sitios por donde pasábamos, incluida la gastronomía. La botella de vino siempre la acabábamos entre los dos para comer, y al segundo día ya tomó como imprescindible terminarlas con un carajillo de ron.

A pesar de su juventud, ya tenía una gran experiencia en viajes por el mundo, la mayoría sola. Sabía 6 idiomas. Se adaptaba a todo y aprendía de todos. No pudieron con ella ni los dolores musculares ni las ampollas, y eso que a pesar de no llegar ninguno de los dos a los 70 kgs. llevábamos mochilas de cerca de 12 kgs.

Siempre llevaba colgada de su mochila un conejito de peluche, con el que todo el mundo se metía y le preguntaba. No se separaba nunca de él, era su compañero de sueños. Hacía muchos años que se lo regaló una gran amiga. Era un trozo muy grande de su corazón. Lo besaba, abrazaba y lo trataba como a su niño.

Al pasar por la Cruz de Ferro, se arrodilló y ante mis ojos y otro amigo peregrino, lo descolgó y lo dejó atado al pie de la cruz, se quedó una eternidad mirándolo en la misma postura. Se nos encogió el corazón a los dos. Allí estaba dejando un trozo de su corazón, algo muy valioso y que no dudó en hacerlo.

Estuvimos mucho rato andando sin hablar. Yo me fui un rato para adelante solo, no pude contener las lágrimas. Fue una gran enseñanza. Todavía hoy me emociono al recordarlo.

Si alguien pasó por allí en Octubre del año pasado, quizás vio ese peluche, pero no pensó lo que aquello significaba. Quien sabe, a lo mejor todavía sigue allí.

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