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Masificación en el Camino de la Plata

Ya no es solo el Francés, también la Plata está masificada. Y como ejemplo, la etapa: Almadén de la Plata-El Real de la Jara, que viví el otro día, sobre todo para quitarme el mono y la envidia que tengo de otros peregrinos que andan por ahí pateándose cualquier camino.

Salimos a las nueve de la mañana de Almadén y el termómetro marcaba ya veintidós graditos de nada y eso que aquello es plena sierra.

Esta etapa es en la que más cancelas o portelas he abierto y cerrado de cualquier otra etapa del Camino que sea, unas diez o doce, creo yo.

Nada más llegar a la primera, tuvimos que convencer a unas cuantas yegüas que pacían tranquilamente junto a sus potrillos que nos dejaran sitio para abrir dicha cancela y seguir nuestro camino, pero ellos, cuan "peregrinos franceses", por un oído les entraba y por otro les salía, después de chapurrear un poco su idioma, uno de los potrillos salió corriendo y tras él sus hermanos, madre y el resto de la parentela. Conseguimos abrir la cancela y seguimos hacia adelante por una senda entre encinas y alcornoques, proporcionando de vez en cuando una sombrita que daba la vida.

Al rato llegamos a la casa del guarda de una de las fincas por la que cruzamos, concretamente Arroyo Mateos, y vimos un abrevadero de donde salía un buen caño de agua. Allí tuvimos que guardar la primera cola del Camino de la Plata, esto ya no es lo que era, para esperar a que acabaran de beber unas veinte o treinta cabras que llegaron antes que nosotros, seguramente iban en coche de apoyo porque no llevaban mochilas ni nada. Terminaron y se fueron sin decir adiós ni nada, encima maleducadas.

Por fin nos refrescamos, ¡que fresquita!, y continuamos nuestra ruta, se nos estaba haciendo tarde, normal, con tanta gente.

Las encinas y alcornoques continuaban, y por supuesto nada de nada de asfalto en los diez kilómetros que llevamos.

Abrimos la enésima cancela, y hasta nosotros acudió corriendo un cerdo ibérico cinco jotas, D.O. Sierra Norte, negro zahino, con unos cuádriceps que ya los quisiera el Ronaldo ése. No sé si venía a preguntarnos a que hora sale el bus para Roncesvalles o qué, el caso es que a los dos minutos corríamos como locos huyendo de ese magnífico ejemplar y del equipo entero del Sánchez Romero Carvajal F. C., vaya pretemporada que están haciendo los muchachos.

Conseguimos zafarnos corriendo entre el alcornocal, y de repente no sabíamos si estábamos en la ruta correcta o no.

Tras varios metros dando vueltas vimos por fin una maravillosa flecha amarilla pintada en una de las encinas, eso sí, íbamos empapados de sudor después de la carrerita y el agua de la mochila empezaba a escasear y estaba llegando a su máximo punto de ebullición debido al excesivo calor que hacía.

Continuamos con la fe puesta en encontrar pronto otra fuente como la anterior. En el trayecto nos adelantaron varios conejos, si es que van como locos y no disfrutan de camino ni nada, y algún que otro cernícalo, así cualquiera.

Nuestras plegarias dieron resultado y avistamos otra casa de labranza. Llegamos hasta ella, ¡no puede ser!, las cabras de antes se han adelantado otra vez y ahí estaban apropiándose del agua las maleducadas ¡cabronas!, nunca mejor dicho.

Llegó nuestro turno y la verdad que también estaba fresquita. Con tanto ajetreo y carreras, sin darnos cuenta, estábamos a un kilómetro de El Real de la Jara. Lo indicaba un miliario de granito y un bordón de hierro en memoria de José Luis Salvador, auténtica alma máter que fue de este Camino de la Plata a su paso por la provincia de Sevilla.

Tras una curva comenzamos a ver las primeras casas y la calle de entrada al pueblo, Calle Pablo Picasso, y como no, quienes estaban allí sin dejar pasar a nadie ocupando toda la calle, sí, ellas, las de siempre, las cabras, seguro que esperando el autobús o coche de apoyo para llevarlas hasta el albergue.

Le echamos valor y cruzamos entre ellas, había miradas que mataban, y conseguimos llegar hasta el pueblo, donde vimos por primera vez una especie muy rara que no habíamos visto antes en los dieciséis kilómetros de camino, el HOMBRE.

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