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La muerte en el Camino

La historia que estoy a punto de contar puede ser un poco dura...

Todo comenzó cuando tomé el autobús para ir a SJPP desde Pamplona.

Al pasar por Roncesvalles, el autobús recogió unos peregrinos que habían hecho la etapa SJPP-Roncesvalles por la mañana y que deseaban regresar a Francia. Uno de ellos era un francés de unos cincuenta años, su nombre era PB y se sentó junto a mí. Comenzamos a hablar y de pronto, me pidió que le dijera al conductor que si podía detenerse porque no se venía sintiendo muy bien. PB había tenido que andar la etapa con mucha prisa y sin detenerse a tomar prácticamente nada, se veía muy pálido y sudaba frío, incluso tuvo que vomitar en una bolsa que tenía preparada. El chófer se detuvo, PB se acostó en el pasillo del autobús y llamamos al servicio de emergencia, una persona que iba en también en el autobús le dio un sobrecito de azúcar y comenzó a sentirse mejor, entonces llamamos a emergencias y les dijimos que no era necesario que vinieran. Al poco tiempo de seguir el camino, volvió a sentirse mal, pero esta vez peor, se desvaneció y perdió el conocimiento por un momento, así que volvimos a llamar a emergencias, y esperamos a que llegaran los médicos (españoles), le trataron, le administraron suero y volvió a sentirse mejor, pero la recomendación fue que tendría que ser internado en un hospital, por lo que PB estuvo de acuerdo en llamar al número de emergencias de Francia para pedir que vinieran por él a la frontera, ya muy cercana, y le llevaran al hospital más cercano. La sorpresa que nos llevamos todos fue que el servicio francés dijo tajantemente que no vendría por PB en la única ambulancia que tenían destinada en SJPP, que le lleváramos hasta allá y ahí la ambulancia estaría lista para recogerle. Los médicos españoles que le atendieron le expusieron la situación y PB decidió que quería ir a SJPP.

Ya se imaginarán como estaba yo en ese momento, impresionado, casi en shock, sentado hasta adelante del autobús, cuidando la mochila, los bastones y las demás pertenencias de PB mientras él luchaba por recuperar el conocimiento, y yo pensaba: ¡Este pobre hombre está así de mal por haber hecho lo que yo pienso hacer mañana!

Reanudamos la marcha y mientras PB seguía intentando recuperarse tendido en el pasillo de la parte trasera del autobús nos gritan: ?¡Se cayó otro!?, otro de los hombres que habían subido en Roncesvalles se había desmayado, en ese momento, el chófer del autobús tuvo que tomar una decisión muy difícil, si volver a llamar a emergencias (ya en Francia y con la negativa que nos habían dado) o llegar lo más pronto posible a SJPP... optó por lo segundo. Aceleró a fondo y llegamos a Saint Jean pocos minutos después, esperando encontrar la ambulancia en el lugar donde se detienen los autobuses, pero no estaba, algunos peregrinos fueron a buscarla... llegó unos quince minutos después, pero ya era muy tarde... El segundo hombre que perdió el conocimiento había tenido un infarto que su corazón no pudo resistir, y falleció... ahí, delante de todos nosotros...

Todos los pasajeros, inmóviles, contemplando la escena, unos con lágrimas en los ojos, unos sin decir mucho, pero todos, incluido PB, estábamos con el alma colgada de un hilo al contemplar esa escena... siempre nos quedará la duda: ¿qué hubiera pasado si la ambulancia hubiera estado lista?, ¿si hubiera ido por PB y se hubiera encontrado con el infartado?...

Fue una gran lección para mí: TENER LAS COSAS Y NO USARLAS ES LO MISMO QUE NO TENERLAS, con el agravante de que si uno las tiene y no las usa apropiadamente, hace daño a los demás, como con la ambulancia, como con el abrigo que tenemos guardado en casa y que nunca usamos, como con la comida que se nos pasa en el refrigerador... Ver el movimiento de solidaridad de los otros peregrinos para con los dos enfermos, tratando de cubrir las deficiencias del servicio de emergencias es una memoria que no se borrará de mi mente fácilmente... En el camino uno aprende a valorar lo que es importante, necesario, bello, se redescubren valores como la vida interior, la amistad, la solidaridad, el respeto, la alegría, la sencillez y tantos no se pueden describir en solo mil palabras.

Pero aquí no termina la historia, PB bajó del autobús y se sentó en una jardinera cercana, ya estar sin movimiento le hizo mucho bien, recuperó el color y aunque se veía un poco agotado su semblante ya no era tan preocupante como antes. Me quedé con él un rato más y seguimos hablando, me dio algunos consejos más, entonces llegó una mujer amiga suya, PB le contó en francés lo que había sucedido y luego a mi me dijo que me iba a regalar sus bastones de caminar con la condición que tendría que ayudar a algún otro peregrino, después intercambiamos datos para seguir en contacto y le pidió a su amiga que me llevara al albergue... Más tarde, ese mismo día, conocí a S de Hungría, que estaba aprendiendo español y que se convirtió en mi primera compañera del camino, ella conserva, en Budapest, uno de los bastones que PB me regaló...

Así terminó la jornada previa al inicio de mi camino, el 26/07/2012, con emociones como una montaña rusa, con tanto aprendizaje y con un gran sentido de gratitud y deseos de compartir con otros. Puedo decir que no soy el mismo desde aquella tarde.

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