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Mi temprana adicción al Camino

Todo empezó cuando mi tía me llamó una noche contándome que iba a hacer el Camino de Santiago con una amiga, yo llena de entusiasmo la pregunte si podía ir con ellas, preparé la mochila esa noche y al día siguiente comenzó todo. Cogimos un bus hasta Zamora y de allí a Astorga. Yo tenia tan solo 13 años y no teníamos nada planeado, no sabíamos nada sobre el Camino, las etapas, la dureza... Por lo que si el camino de por sí es sorprendente, más aún lo es cuando no llevas nada planeado. Cogimos nuestras credenciales en Astorga y empezamos lo que iba a ser la mejor experiencia de mi corta vida. Recorrimos 280 km muy duros, llenos de sufrimiento pero desbordante alegría. Nunca había experimentado esa sensación de paz y libertad. Aprendí a convivir con la gente, utilizando lo más básico, compartiendo, ayudando a los demás igual que me ayudaban a mi cuando lo necesitaba, a apreciar esos paisajes espectaculares, etc. Jamás me había dolido tanto el cuerpo como aquellos días pero nada merecía mas la pena. Experiencias que nunca olvidaré como mi estancia en el albergue de los templarios en Manjarin con aquellas personas únicas, esas noches durmiendo en polideportivos, los bosques como el del recorrido hasta Samos, esa desesperación al no llegar nunca... Y con mucha tristeza al ser el final del camino, llegué a Santiago de Compostela. Todos se sorpendieron a lo largo del camino al ver a una chica tan joven cargar con una gran mochila de 8 kg, andando, sin hacer trampas. De hecho, ese año no me dieron la Compostela, después de andar 280km y tuve que ir a reclamar pero entendí que lo importante no es una simple cartulina de la iglesia, y de gente que no ha hecho el camino en su vida, sino todo lo que había andado y el mérito que tenia. Al siguiente año, convencí a mi padre para que fuéramos otra vez a hacerlo. Esta vez comenzamos en O Cebreiro al tener menos días mi padre de vacaciones y esta vez si me dieron la Compostela. A él le gusto tanto que al verano siguiente, volvimos pero esta vez no hicimos el Camino Francés sino el camino pagano o el camino que va desde Santiago de Compostela hasta Muxia. Fue ''la guinda del pastel''. No hay palabras para describir los paisajes, las gentes de todo el mundo, los sentimientos que se me vienen a la cabeza cada vez que recuerdo todo lo vivido, se me ponen los pelos de punta. Recibí la Finisterrana y la Muxiana. Y supe que el final del camino no está en Santiago, ni siquiera en Muxía, el final del Camino está donde nosotros queramos. Recomiendo a todo el mundo a que haga la prolongación ya que el camino, el mar y los bosques son la combinación perfecta. Pueblos como Cee, Corcubión, Finisterre, Lires, etc son el paraíso. Es difícil resumir 3 caminos en tan pocas palabras pero espero haber transmitido la emoción que siento al pensarlo, muchas anécdotas divertidas... Todo el mundo debería hacerlo al menos una vez en la vida para aprender a valorar y a apreciar la vida. Hoy, con 17 años pienso en volver a recorrer esa tierra mágica diciendo a los peregrinos buen camino! y en todos los kilómetros que les quedan a mis pies. Me quedo con esos amigos que conocí allí y con los que sigo manteniendo el contacto. Ultreia et Suseia!

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